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Trauma acústico agudo.

Se denomina trauma acústico a toda lesión producida en el oído interno, específicamente en unas estructuras delicadas, llamadas células ciliadas, son las pequeñas células sensoriales del oído interno que transforman la energía sonora en señales eléctricas que viajan al cerebro.

Ramiro Campos | 15/11/2011
En los tiempos del hombre primitivo, solo existían sonidos naturales, pero con el desarrollo de las maquinarias particularmente a partir de la Revolución industrial, los ruidos intensos y agudos, aparecen y se multiplican pero de un modo tan veloz que las estructuras del oído humano no han tenido tiempo evolutivo para modificarse y protegerse, quedando así el oído interno sin protección ante sonidos agudos intensos o repetidos. Así es como el trauma acústico fue objeto de estudio mucho antes de la aparición de las audiometrías y se conocía como “enfermedad de los calderos”, pero se notó que en otras profesiones también ejercidas en ambientes ruidosos, con el correr del tiempo la audición disminuía poco a poco, primero para la voz cuchicheada, hasta llegar a la sordera total. Por medio de algunas pruebas subjetivas como los diapasones se determinó, que esta disminución era selectiva de los tonos altos, comenzando a disminuir la percepción del diapasón mas agudo extendiéndose luego a los demás tonos, hasta la zona grave.
 
Primero definiremos que es el trauma acústico en general y luego entraremos en el tema del trauma acústico agudo.
 
Marco Teórico
Se denomina trauma acústico a toda lesión producida en el oído interno, específicamente en unas estructuras delicadas, llamadas células ciliadas, son las pequeñas células sensoriales del oído interno que transforman la energía sonora en señales eléctricas que viajan al cerebro. Al ser dañadas, nuestras células ciliadas no pueden regenerarse. Dicho daño puede ser determinado por impacto sonoro persistente, como los de la industria, estampidos, disparos de armas de fuego, ruidos muy fuertes, explosiones y algunos traumatismos. Generalmente se necesitan más de 90dB para producir un trauma, pues el oído hasta estas intensidades tiene suficiente mecanismos de protección.
 
Larsen ha estudiado audiométricamente lo que ocurre evolutivamente, considerando 3 grados:
 
· Primer grado: Al comienzo no se tiene ningún trastorno auditivo y se oye bien la palabra hablada, pero se muestra en el audiograma una caída de 20 a 30 dB en la frecuencia de 4000 Hz. Y se levanta en el extremo tonal agudo.
· Segundo grado: El audiograma demuestra en estos casos descenso del umbral, la pérdida se muestra en unos 40 dB y cae más en las frecuencias agudas.
· Tercer grado: La caída es acentuada, hay acúfeno y reclutamiento intenso, el umbral decrece a 60 dB o mas abarcando gran extensión de la zona tonal.

 

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