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El niño que no habla. (Parte IV)

Todos aquellos en quienes se presenta una disfasia, una afasia infantil, un retardo mental o un autismo infantil, por ejemplo, hablarán mal como producto de su severa alteración del lenguaje, mientras que en quienes pronuncian defectuosamente con preservación de la comprensión y de la expresión del lenguaje en sí debe pensarse en una deficiente articulación, como sucede en las disartrias y en las dislalias, que también obedecen a varias causas (como una parálisis cerebral o un trastorno específico del desarrollo motor, respectivamente, entre otras), y en quienes no poseen la fluidez léxica apropiada, en una tartamudez.

Ramiro Campos | 15/03/2013
Puede tratarse de una deficiencia sensorial como en la sordera, de un desorden específico del lenguaje como en la disfasia (discapacidad constitucional casi siempre genéticamente determinada para comprender la palabra hablada o expresarse verbalmente), de una afasia infantil (deficiencia verbal casi siempre predominantemente expresiva y adquirida como secuela de un proceso infeccioso, traumático, tumoral o neuroquirúrgico cuando el niño ya había desarrollado lenguaje), de una deficiencia intelectual como en el retardo mental, de un serio daño encefálico como en la parálisis cerebral, de un desorden profundo y global del desarrollo como en el autismo infantil, de un cuadro psicógeno como el mutismo, de un retardo fruto de la deprivación o de la rara afasia adquirida con epilepsia de Landau-IGeffner entre los casos serios, o puede tratarse de un retardo simple del desarrollo del lenguaje receptivo-expresivo, en el que la evolución normal de éste se ve postergada pero sigue un curso homogéneamente natural, entre los benignos.
 
Mientras que en el caso de que el niño hable mal (ver Cuadro N. 5) debe distinguirse en primer lugar si el código lingüístico que usa está alterado o si solamente se trata de un defecto de la articulación verbal.
 
Todos aquellos en quienes se presenta una disfasia, una afasia infantil, un retardo mental o un autismo infantil, por ejemplo, hablarán mal como producto de su severa alteración del lenguaje, mientras que en quienes pronuncian defectuosamente con preservación de la comprensión y de la expresión del lenguaje en sí debe pensarse en una deficiente articulación, como sucede en las disartrias y en las dislalias, que también obedecen a varias causas (como una parálisis cerebral o un trastorno específico del desarrollo motor, respectivamente, entre otras), y en quienes no poseen la fluidez léxica apropiada, en una tartamudez.
 
En este último caso se recomienda mucho cuidado con la pretendida "tartamudez fisiológica" de los tres años, que a veces encubre el inicio de una verdadera disfluencia muy difícil de manejar posteriormente.

 

Cuadro N° 5
El Niño que Habla Mal
1. - Por un retardo del desarrollo del lenguaje
2. - Por un desorden del lenguaje
disfasia
afasia
autismo
Psicosis
otros
3. - Por un dersorden de la articulación
disatría
dislalia
dispraxia verbal
4. - Por una disfluencia
tartamudez
taratajeo
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