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Percepción de estilos parentales, autoconcepto y predisposición al consumo de alcohol en adolescentes (Parte X)

El desarrollo de la identidad personal es un proceso gradual y lento, que se inicia en la concepción. Esta implica un conocimiento de sí mismo, de forma que la persona es consciente hasta cierto punto, pero lo más íntimo y propio de él es desconocido y solo se irá descubriendo con el paso del tiempo, en el sobrevenir de los ciclos vitales. 

El desarrollo del autoconcepto

El desarrollo de la identidad personal es un proceso gradual y lento, que se inicia en la concepción. Esta implica un conocimiento de sí mismo, de forma que la persona es consciente hasta cierto punto, pero lo más íntimo y propio de él es desconocido y solo se irá descubriendo con el paso del tiempo, en el sobrevenir de los ciclos vitales. (Erickson, 1950, citado en Griffa y Moreno, 2005). Es un proceso vital sano, que ayuda a la fortaleza del yo del adulto (Papalia, 1993).

Dentro de ésta identidad, se localiza en “self”, que denomina al sí mismo, para responder a la pregunta ¿Quién soy? Numerosos psicólogos, le asignan la denominación de autoconcepto a la configuración organizada de percepciones de uno que son admisibles para el conocimiento (Casullo, 1990); o sea, el símbolo que cada persona tiene de su propio organismo, es una estructura cognoscitiva que cada uno posee y que contiene imágenes de lo que somos, lo que deseamos ser, lo que manifestamos y deseamos manifestar a los demás (Penagos, Rodríguez, Carrillo, Castro, 2006), así como el concepto que el sujeto tiene de sí mismo como un ser físico, social y espiritual (García y Musitu, 1999, citado en Fuentes, García, Gracia y Lila, 2011). Esto se realiza en realidad en todas las fases del desarrollo, aunque adquiere particulares características en la adolescencia (Aberastury y Knobel, 1995).

Para Markus y Nurius (1984), el autoconcepto ayuda entonces a la persona a entenderse a sí misma y, además, a normalizar o controlar su conducta (Papalia, 1993).

Siguiendo a Aberastury y Knobel (1995) al autoconcepto como entidad psicológica, se le agrega el conocimiento  del substrato biológico y físico de la personalidad. El esquema corporal y el cuerpo son variables íntimamente relacionadas que no se deben desconocer en el proceso de definición del sí mismo y de la identidad.

Haciendo referencia en especial a la etapa de la adolescencia, se afirma que en el transcurrir de estos años, el autoconcepto se comprende como un constructo multidimensional; mediante el cual las fuentes que lo constituyen son variadas y diversas. Este se va distinguiendo gradualmente, de manera que se va incrementando a medida que la persona pasa de la niñez a la adultez. (Harter, 1999, citado en Penagos, Rodríguez, Carrillo, Castro, 2006). Algunos aspectos incluyen los cambios cognitivos, sociales, afectivos y comportamentales del autoconcepto en esta etapa, el impacto de la vida familiar sobre el adolescente, además de las diferencias de edad y género. (Penagos, Rodríguez, Carrillo, Castro, 2006). Parte de estas  diferencias entre esquemas  de mujeres y hombres se puede deber al diferente tratamiento de los sexos por parte de los padres, ya que diversos estudios han hallado diferentes  patrones de crianza del niño relacionados con diversos niveles de identidad (Marcia, 1980; citado en Papalia, 1993).

La construcción del autoconcepto, es una tarea crítica de la etapa de la adolescencia que va de la mano con importantes procesos, como son la formación de identidad, la toma de decisiones y la adquisición de independencia y autonomía. (Amescua y Pichardo, 2000, citado en Penagos et. al. 2006).

Para Casullo (1990) el conocimiento de las propias limitaciones así como de las posibilidades, es un factor muy importante para poder establecer vínculos objetales sanos en la vida diaria de las personas.

Dimensiones involucradas en el autoconcepto

Un ilimitado número de dimensiones intervienen en la estructuración del autoconcepto (Casullo, 1990) y ayudan a entender el comportamiento de las personas. (Pastor, Balaguer y García Merita, 2006).

De manera general, varios estudios que han utilizado medidas unidimensionales pudieron concluir que los adolescentes con alto autoconcepto muestran: pocas conductas agresivas, de burla o abuso de los demás, a su vez que exhiben mayores conductas sociales positivas, bajo nivel de desarreglo emocional; es decir, son seguros y no se perturban fácilmente ante las solicitudes del entorno, a su vez  logran bajas puntuaciones en niveles de ansiedad y depresión (Garaigordobil y Durá, 2006), muestran menos sentimientos de soledad y mayor satisfacción con la vida (Moreno, Estévez, Murgui y Musitu, 2009), y además tienen una mejor unificación social en el aula, a la vez que son apreciados por sus profesores (Martínez-Antón, Buelga y Cava, 2007; citado en Fuentes, García, Gracia y   Lila, 2011).

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