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Psicomotricidad como propuesta terapéutica (Parte II)

Entre las características más relevantes de la psicomotricidad, se encuentan: el espacio y el tiempo como parte estructurante de la terapia psicomotriz.  Espacio y tiempo deben mantenerse fijos ya que le pertenecen al paciente, son su derecho, parte de su estructura, los cuales deben ser siempre respetados y no permitir que sean ocupados por otra persona, incluso por objetos.

La forma de aplicación de la metodología vivenciada es una característica relevante, ya que en ella se establece  una  relación  en   que  se  vivencia  un vínculo dual, donde la corporeidad del  paciente y del psicomotricista   se  hacen  presentes.  Exigiendo del psicomotricista en el trabajo corporal, la disponibilidad  en el  espacio  psicomotor, lo  cual  implica la capacidad de poner el cuerpo en relación con otro cuerpo, a través del tono, la postura, el movimiento, el gesto, el lenguaje oral, la mirada, el silencio, su  capacidad  de  escucha para sostener al otro.

La terapia psicomotríz tiene fundamentos psicoanalíticos aunque no precisamente se rige por la interpretación de la palabra, sin embargo la palabra acompaña a la acción, dando significado a lo que dice y siente con su cuerpo. Predomina la actividad imaginativa, la implicación corporal del terapeuta es continua, por lo tanto el sostén está a nivel ideativo y corporal, sin dejar de lado las relaciones que se establecen con el paciente y el psicomotricista, especialmente las corporales y motrices.

Entre las características más relevantes de la psicomotricidad, se encuentan: el espacio y el tiempo como parte estructurante de la terapia psicomotriz.  Espacio y tiempo deben mantenerse fijos ya que le pertenecen al paciente, son su derecho, parte de su estructura, los cuales deben ser siempre respetados y no permitir que sean ocupados por otra persona, incluso por objetos.

Otro  elemento  característico son los objetos dispuestos  en el  espacio  psicomotor, siendo estos  percibidos  como elemento de intermediación corporal en el proceso terapéutico, significando incluso la elección que hace el paciente de este material, así como el tiempo de la elección y la  relación que  se  establece  durante toda la sesión.

“El material, para nosotros, es más un intermediario que un objeto que se basta a sí mismo.  Es una ayuda, un medio que se inscribe en un proyecto terapéutico” (Masson, 1987, 22).

Aunado a lo anterior, la transferencia como fundamento clínico del juego espontáneo en psicomotricidad es parte primordial en la práctica psicomotriz y es descrita por Levin (1991) “la especificidad de la Psicomotricidad en transferencia se juega entonces en la demanda particular del niño y de sus padres; en la modalidad de intervención, de interpretación simbólica; en la posición del cuerpo del niño y en la del cuerpo del psicomotricista; en la relación y uso del espacio, el tiempo, el movimiento, los gestos, el cuerpo, los objetos y las posturas.

En la transferencia, en lo no anticipable, en lo no predecible, en el no dominio, donde se pone en juego el deseo del niño, en donde el juego del cuerpo, su posicionamiento corporal, es dado a ver a la mirada del psicomotricista” (110).

En el ejercicio de su profesión como psicoanalista, Doltó (1981) encuentra diversas reflexiones, específicamente en su trabajo con niños, considerando como fundamental en la relación entre terapeuta y paciente, los intercambios afectivos que “consisten ante todo en dejarle al niño la posibilidad de expresarse libremente mediante la voz, la mímica, el gesto y, más aún, mediante cualquier acto, con tal de que no presente peligro grave inmediato para él o para otros” (58).

El movimiento para muchos pensadores y estudiosos de diferentes épocas ha estado ligado al deseo, pues para que haya movimiento debe haber una causa, un deseo para que se convierta en acto, un acto que funciona ligado al deseo del otro.

El tono al igual que el movimiento es un factor de suma importancia en la Terapia Psicomotríz y se observa mejor en el contacto dado que la función tónica es diferente a la contracción motriz, al aparecer el tono como un fondo, algo básico, del cual surgen la contracción y el movimiento.   

La relación tónica es una experiencia corporal; y el cuerpo  es el producto vivencial de la experiencia tónica.  “El diálogo tónico se encarga de sumergir la personalidad entera en la comunicación afectiva, tan solo puede tener un instrumento a su medida, un instrumento total: el cuerpo” (Ajuriaguerra, 1973, 214).

El psicomotricista vive en su propio cuerpo el movimiento del otro y es aquí donde se establece la relación tónico-emocional, dando espacio a la unificación  del cuerpo.

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