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Caracterización de antecedentes en adultos mayores con pérdidas auditivas en el Hospital Vicente Corral Moscoso - Ecuador en el período 2018 (Parte III)

Los problemas auditivos se incrementan en los adultos mayores como consecuencia del envejecimiento de la población ocasionando en el adulto mayor la disminución de la audición a partir de los 60 años de edad. En este trabajo se pudo evidenciar que la población de estudio, la edad se encuentra entre 65 años y mayores a 85 años.

DISCUSIÓN

Los problemas auditivos se incrementan en los adultos mayores como consecuencia del envejecimiento de la población ocasionando en el adulto mayor la disminución de la audición a partir de los 60 años de edad. En este trabajo se pudo evidenciar que la población de estudio, la edad se encuentra entre 65 años y mayores a 85 años. Esto sugiere que pueden padecer de hipoacusia, así lo manifiesta (Lescaille Torres, 2016) quien afirmo que la incidencia de la sordera incrementa con la edad (ver gráfica 1). Del mismo modo, (Toledo Valdés, 2018) reporta que la hipoacusia tiene un predominio entre las edades de 65 a 75 años. Esto se puede evidenciar dado que el motivo de la consulta de los pacientes al hospital de ecuador mayormente fue por hipoacusia bilateral y en menor grado los acufenos (Tabla 1).

Con respecto al tipo de medicamento el 80% de los pacientes utilizan algún tipo analgésico/antiinflamatorio y se ha reportado que estos medicamentos pueden ocasionar raramente perdida en la audición (Jiménez López, 2003). Aunque, se encontró que el 8% usan antibióticos/inmunodepresores de los cuales se ha reportado que causan ototoxicidad debido a la destrucción de las células sensoriales del oído interno, ya sea a nivel de la cóclea o de los órganos vestibulares (Mercado, 2007). 

Para los antecedentes clínicos, se encontró que el 4% ha sido expuesto a algún tipo de tratamiento quirúrgico, seguido de las enfermedades infectocontagiosas con un 2,0% (Ver gráfica 4). Aunque no se ha reportado que los tratamientos quirúrgicos son causantes de pérdida de la audición, si se ha reportado que las enfermedades infectocontagiosas pueden ser causantes de pérdida de la audición (Hess, 2003).

En cuanto a las patologías clínicas o factores intrínsecos, se evidenció que el 35% de los pacientes tienen problema de hipertensión arterial y el 13% diabetes mellitus (Ver gráfica 2), se ha reportado la relación que tiene estas enfermedades con la pérdida de la audición. Se postula en algunos estudios, que la hipoacusia sensorioneural que aparece en individuos de mayor edad, se relaciona con una insuficiencia microcirculatoria derivada de una oclusión vascular por embolia, vasoespasmo o hemorragia y que éstos, a su vez, serían consecuencia de un síndrome de hiperviscosidad o microangiopatía por diabetes o hipertensión arterial, con lo que la hipertensión podría, a través de esos factores histopatológicos, provocar pérdida de audición sensorioneural (Mella Gallegos, 2012). Así mismo, (Mondelli, 2009) reportó que la hipertensión arterial puede llevar a tener hemorragias en el oído interno, lo que provocaría pérdidas auditivas progresivas o súbitas. Además, puede darse un aumento de la viscosidad sanguínea, la que provocaría una disminución del flujo capilar hacia el oído, con la consecuente carencia de oxígeno y nutrientes, llevando a una pérdida auditiva por hipoxia tisular (de Moraes Marchiori, 2006) afectando habilidades del sistema auditivo, el procesamiento de señales acústicas y fomentando la aparición de tinnitus (Mondelli, 2009).

Por otro lado, la presencia de diabetes mellitus en los pacientes de este estudio acarrea consecuencias de carácter metabólico, vascular y neuropático. Los efectos en la pérdida de la audición tienen su origen en dos condiciones derivadas de esta patología la angiopatía y la neuropatía.  La primera, interfiere con el aporte de oxígeno y nutrientes a la cóclea por el difícil transporte a través de las paredes capilares que se encuentran engrosadas, como indirecto, por la reducción del flujo vascular debido a que los vasos sanguíneos se han estrechado o a la degeneración secundaria del nervio auditivo, mientras que la segunda afectaría al sistema auditivo induciendo una atrofia del ganglio espiral y provocando la desmienilinización del octavo par (Diniz, 2009).

Por lo que se refiere a, el tipo de pérdida auditiva se determinó que del total de la población en el rango de edades entre 65-75 años el 32% presenta pérdida auditiva de tipo sensorial, el 16% mixta y el 1% conductiva. Para el rango de edades entre 76-85 años el 36% presenta pérdida auditiva de tipo sensorial, el 9% mixta. Así también, para el rango de edades entre 86-adelante el 9% presenta pérdida auditiva de tipo sensorial, el 2% mixta (Ver gráfica 5). Este resultado coincide con los estudios realizados por (Lescaille Torres, 2016) donde se reportó que la pérdida de audición más común fue la sensorial y mixta.

En relación con, el grado de pérdida, se encontró en mayor proporción el moderado 60%, segundo del severo con un 18% y el leve – profundo 10% (Ver gráfica 6). Estos resultados son congruentes con los reportados por (Kramer, 2018; Stach, 2008) donde se ha reportado que una pequeña muestra presenta pérdida auditiva de tipo profunda y en un alto porcentaje moderado y severo.

Todas estas observaciones se correlacionan (inercia 11,45%) dado que se encontró relación entre las condiciones sociodemográficas como el género, el tipo y grado de pérdida auditiva, las patologías asociadas y algunos antecedentes clínicos (Ver gráfica 9). Siendo las pérdidas auditivas mixta, sensorial y bilateral, las más relacionadas, seguido de los grados de perdida moderado y severo. Las patologías más   asociadas son la hipertensión arterial y la diabetes mellitus. Y los antecedentes clínicos relacionados son los agentes toxicológicos y las enfermedades infectocontagiosas. Este hallazgo reafirma las observaciones realizadas en los puntos anteriores y son congruentes con los estudios realizados por (Chávez-Delgado, 2012).

 

CONCLUSIONES

Teniendo en cuenta los resultados y análisis realizados se puede inferir que la pérdida incrementa a medida que se envejece y son más notorias a partir de los 60 años en adelante ya que se encontró que el motivo de la consulta es mayormente por hipoacusia bilateral.

Los medicamentos analgésicos/antiinflamatorio escasamente producen pérdida auditiva, aunque los antibióticos si lo producen afectando las células sensoriales. Así mismo, las enfermedades infectocontagiosas son precursoras de pérdida de la audición, y que hay cierto grado de relación entre las patologías clínicas como la hipertensión arterial y la diabetes mellitus.

La pérdida auditiva encontrada mayormente fue la bilateral y sensorioneural la cual podrían estar relacionadas por las patologías clínicas y la avanzada edad. Y el grado más prevalente fue el moderado.

Existe una correlación entre el género, el tipo y grado de pérdida   auditiva con las patologías clínicas y los antecedentes clínicos.

Resulta necesario la intervención interdisciplinar para el abordaje del individuo con pérdida auditiva en la adultez mayor. Para así poder controlar los factores endógenos y exógenos asociados a la misma.

La intervención del audiólogo es determinante en el proceso de evaluación y rehabilitación para reducir el impacto psicológico y social de la pérdida auditiva en el adulto mayor.

CONFLICTO DE INTERÉS

Los autores declaramos que no tenemos conflicto de interés.

 

Referencias

Chávez-Delgado, M. E., Vázquez-Granados, I., Rosales-Cortés, M., & Velasco-Rodríguez, V. J. A. O. (2012). Cochleovestibular dysfunction in patients with diabetes mellitus, hypertension, and dyslipidemia. 63(2), 93-101.
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JIMÉNEZ ASTUDILLO, K., & QUIZHPI CRIOLLO, A. (2018). Incidencia de presbiacusia en los usuarios del Hogar de los Abuelos 1 y 2, Cuenca-Ecuador, año 2017-2018. Obtenido de file:///C:/Users/op6l4rhn9oll%C3%B1hu%C2%BF'pip/Downloads/2.%20Proyecto%20de%20Investigacio%CC%81n.pdf
Jiménez López, G., Debesa García, F., Bastanzuri Villares, T., Pérez Peña, J., & Ávila Pérez, J. J. R. C. d. F. (2003). Comportamiento de las reacciones adversas a los analgésicos y antiinflamatorios no esteroideos notificadas por el Sistema Cubano de Farmacovigilancia en el 2001. 37(3), 1-1.
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