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Historia del audífono

En definitiva, mejorar la salud auditiva para que las personas puedan disfrutar de una buena calidad de vida, y puedan participar en un entorno en igualdad de condiciones, ampliando los servicios de educación, estableciendo redes y generando oportunidades profesionales, tener acceso a la información, al conocimiento, a la cultura, al ocio, garantizando así el principio de normalización, accesibilidad universal e integración en la sociedad con las mismas oportunidades que el resto de ciudadanos/as, y sobre todo, ser felices en su día a día.

Josefa Paniagua | 15/06/2020

La historia del audífono para personas con discapacidad auditiva sirve para entender cómo, en el último siglo, ha evolucionado este dispositivo de ayuda para la audición, que han experimentado una evolución acorde a todos los avances tecnológicos para adaptarse a las nuevas oportunidades y necesidades que se están generando, para proporcionar al usuario la mejor adaptación prótesica a nivel audiológico, pero a la vez a nivel funcional para que puedan disfrutar en la actualidad. No existe punto de comparación con los grandes y aparatosos audífonos de hace unas cuantas décadas.

Un momento clave en la historia del audífono se centra en el año 1947, con la invención del transistor que se llevaba incorporado en el bolsillo y del cual colgaba un cordón que llegaba hasta el oído. Revolucionó su tecnología y se pudo reducir notablemente el tamaño además de aumentar su capacidad y prestaciones.

El transistor amplificaba mucho más el sonido a las válvulas tradicionales que se venían utilizando. Además las pilas permitían un mayor uso del audífono que hasta ahora. Los primeros audífonos con transistores había que llevarlos encima, algo que duró hasta mediados de la década de los 50.

Después se fue reduciendo el tamaño de forma progresiva hasta que pudieron colocarse detrás o encima del oído. Eran los primeros audífonos que empezaban a salir al mercado sin cordón, aunque eran de tamaño mucho más grandes que los de la actualidad.

No fue hasta los años 60, que en la historia del audífono se desarrollaron por primera vez los audífonos intracanal. No eran inicialmente tan fiables como los que se colocaban detrás o encima del oído, pero fue un punto de partida. Los audífonos son un dispositivo electrónico que amplifica el sonido.

Con la llegada de la tecnología digital, allá por los años 80, se procesó el sonido de forma muy distinta a la analógica. Se consiguieron audífonos más efectivos capaces de amplificar las señales sonoras con mucha precisión.

No fue, sin embargo, hasta la década de los 90, cuando se acabaron de perfeccionar estos pequeños dispositivos digitales y comenzar una notable evolución hasta lo que son hoy en día.

El audífono debe entenderse como un producto sanitario y personalizado, debiendo adaptarse a nuestro canal auditivo y debiendo ajustarse teniendo en cuenta el contexto social y laboral de cada individuo.

Aunque es importante subrayar que ni el audífono ni ninguna otra prótesis, puede devolver la audición normal, aunque sí, puede mermar los efectos derivados de la pérdida auditiva, mejorando la calidad de vida.

El implante coclear constituye una nueva alternativa y un gran avance para las personas con diferentes tipos y grados de discapacidad auditiva. Más del cinco por ciento de la población mundial, o alrededor de 466 millones de personas, tiene alguna forma de pérdida auditiva debilitante, según la Organización Mundial de la salud.

En definitiva, mejorar la salud auditiva para que estas personas puedan disfrutar de una buena calidad de vida, y puedan participar en un entorno en igualdad de condiciones, ampliando los servicios de educación, estableciendo redes y generando oportunidades profesionales, tener acceso a la información, al conocimiento, a la cultura, al ocio, garantizando así el principio de normalización, accesibilidad universal e integración en la sociedad con las mismas oportunidades que el resto de ciudadanos/as, y sobre todo, ser felices en su día a día.

 

 

Mis Audifonos

 

Soneto a mi audífono

Exangue permaneces y aturdido

diminuto en tu breve arquitectura.

Destinado a colmar con tu textura

el seno silenciado de mi oído.

 

Quien no tiene rumor, pero ha tenido

añora con arrobo tu estructura,

sabiendo que en tu cónica armadura

haz de portar glorioso, el son perdido.

 

Habla el silencio allí, porque no osa

la voz, entrar pon tan estrecho estrecho.

las almas sí, que amor suele de hecho

facilitar la más difícil cosa.

 

Tecnología que ayudas a colmar

con este diminuto aparatito,

a paliar este chascado oído.

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