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El entramado emocional de la palabra

Existe un sutil juego emocional que hace posible el “debut” del ser humano que se inserta poco a poco en la cultura por medio de la palabra. Porque somos un ser de relación y comunicación, como que “estamos hecho de lenguaje”.

Omer Silva Villena | 15/08/2021

Las ideas contenidas en esta columna son rescatadas de archivos de participaciones en congresos, seminarios y eventos académicos durante mi vida académica. Éste es uno sobre Jornadas Científicas de Fonoaudiología (1991) al que fui invitado a hablar sobre “adquisición/desarrollo del lenguaje en el niño” en Mar de Plata, Argentina. Trataré de resumirlo lo más que pueda pues el mismo me impactó al escuchar a un periodista desarrollar el tema y las posteriores conversaciones, entonces.

Desde los juegos vocales del bebé, pasando por el “mamá”  como iniciador del desarrollo lingüístico, hasta el estilo discursivo como adulto hay un complejo proceso que atender. Existe un sutil juego emocional que hace posible el “debut” del ser humano que se inserta poco a poco en la cultura por medio de la palabra. Porque somos un ser de relación y comunicación, como que “estamos hecho de lenguaje”. Cuerpo y mente se entrelazan como una trama o urdimbre, tejen redes, llenan el vacío de finos filamentos que son las palabras llenando el espacio entre dos mundos, hilo que emana de la facultad del lenguaje articulado, como dice Chomsky. Dos mundos, un yo y el otro: Interno y Externo (el bebé y su madre; esposo-esposa; profesor-alumno; padre-hijo(a). Menuda tarea de llegar al mundo para incorporar los productos de su fantasía y constituirse en “sujeto parlante” o “comunicador”. Si pudiéramos ponerle palabras quedaría así: “algo me duele, algo me muerde, algo me quema, me tritura, luego ¡GRITO! ¡LLORO! como “precursores del habla”

De la exploración de la realidad devienen las sensaciones a través de su madre que lo acaricia, lo acuna, lo abriga, lo alimenta, le canta, le cuenta chascarros campesinos, etc. De aquí deriva la realidad del lenguaje que primariamente se siente envuelto en una secuencia de sonidos en un baño tibio de palabras  prodigado por su madre, acompañando la alimentación, acunamiento, y mirada. Esas palabras  pasan a configurar sensaciones propioceptivas (equilibrio/movimiento) y receptivas. Los sonidos forman parte del niño(a) que a su vez está ligado con su madre. Los sonidos emitidos por la madre progresivamente se convierten en “entorno maternal”. El(a) niño(a) proyectará la boca que habla, pero solo si la madre encuentra placer al hablarle dándole siempre un “sentido”. Se favorece así la exploración sonora  por parte del niño/a posibilitando de alguna manera una especie de “magia verbal” entre “madre-niño”. Roland Gori (1943- psicoanalista francés) sostiene que “la palabra “mamá” conserva siempre un valor transicional que lleva la “marca de los primeros amores ”.

El(a) niño puede manipular los sonidos a su antojo encontrando placer al escucharlos, espacio ilusorio gozado a través del “juego vocal creativo” que emanan de su interior y flotan en el espacio-tiempo y los recupera  a través de lo que oye (audición). El lenguaje es un cordón que ata y un canasto que contiene, dice P. Janet (1859-1947,): la palabra es un trozo sonoro o envoltura verbal que vela y contiene los límites del Yo y del OBJETO, desde una mirada psicoanalítica. Hablar es equivalente a hurgar o a agarrar. Cuando el niño(a) habla incluye a otro por demanda, pero puede excluir a otro porque es él/ella y no otro/a. El acto de la palabra es una forma de luchar contra la separación. Coexiste la fuerza que obra en la dirección hacia la “adquisición de su lengua materna que requiere que exista un espacio positivo entre dos personas: “madre-hijo”. Para que ello ocurra debe darse la necesidad de pedir o solicitar algo mediante la palabra. El niño/a que dice “mamá” abstrae a la madre y la hace reaparecer en el símbolo. Es una verdadera creación, no una reiteración exacta.

Se llega así al corolario o verdad de este complejo proceso: el estilo personal teniendo así la posibilidad de comunicarse con todos aquellos que hablan la misma lengua, pero para hacer comprender lo íntimo o subjetivo de que quiere comunicar, debe decirlo a su manera. (lealtad lingüística). El estilo es un habla personal tallado en la lengua materna dice D. Anzieu (1923-1999 psicoanalista Francés); es una manera de presentarse que Halliday (lingüista Inglés ) llama “función personal”, “el estilo es la persona”.

Para concluir, nada mejor que pensar en el estilo del poeta. Pablo Neruda escribe en “CONFIESO QUE HE VIVIDO”: …todo lo que Ud quiera sí Señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben, las que bajan,.. Me prosterno ante ellas…Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… las inesperadas…las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen…vocablos amados … brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces y son espuma, hilo, metal, rocío… persigo algunas palabras… son tan hermosas que las quiero poner todas juntas en mi poema… las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo,  me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas,  como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo,  me las zampo,  las trituro, las emperejilo, las liberto….las dejo como establecidas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio. Regalos de la ola… Todo está en la palabra… una idea entera se cambia porque alguna palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció…Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas… y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Qué buen idioma el mío, Qué lengua heredamos de los conquistadores torvos…Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las América encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo…Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herradura, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma… salimos perdiendo… salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro…..Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras”.

 

 

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