La práctica constante de grabar puede interrumpir la atención conjunta, elemento clave para la adquisición del lenguaje y modifica los patrones de habla dirigida al niño, volviéndolos más performativos que comunicativos. Estas alteraciones pueden influir en la cantidad y calidad del input lingüístico que recibe el niño.
¿Sabes qué es el sharenting?
Las redes sociales han transformado la manera en que las familias documentan y comparten su vida cotidiana.
Compartir contenido de los hijos en redes sociales se ha normalizado; subir una foto de tus hijos a las redes sociales, publicar una entrada de blog sobre el niño o enviar un vídeo a través de alguna aplicación de mensajería puede tener implicaciones a largo plazo.
Aunque estas prácticas suelen estar motivadas por el afecto o el deseo de conexión social pueden generar efectos emocionales significativos en los menores.
Sharenting es un término acuñado a partir de share (compartir) y parenting (criar), una práctica que ha evolucionado de manera inofensiva, pero publicar sobre un menor en redes sociales implica asumir que el contenido puede ser visto ampliamente y quedar potencialmente expuesto a comentarios de cualquier persona.
El primer riesgo que debemos mencionar es que algunos adultos podrían tratar de interactuar con nuestros hijos o hacerles daño por los contenidos que han visto en internet; incluso, hay quienes crean expedientes digitales a partir de los datos que publicamos.
Existe el peligro de que se reutilicen de forma ilícita o malintencionada fotos de nuestros hijos, o que se cree un meme que se haga viral y muestre una imagen negativa de nuestro hijo. Hay anécdotas que pueden no ser relevantes para los adultos, pero que los niños sienten con mucha intensidad, y en ocasiones, sobre todo cuando los niños son pequeños, no pedimos su consentimiento para publicar información sobre ellos.
Lo ideal sería dejar a un lado los dispositivos digitales cuando estemos con nuestros hijos para estar realmente presentes y no pendientes de nuestras redes sociales.
Recordemos que por muy pequeños que sean nuestros hijos son personas independientes a nosotros, con sus propios sentimientos.
Desarrollo emocional e implicaciones psicológicas en los niños Durante la infancia los niños desarrollan su identidad a través de la interacción social y la exploración de su entorno.
La exposición constante a las redes sociales puede interferir en este proceso al:
• Reducir la autonomía. Los niños no tienen control sobre su imagen digital ni sobre la narrativa que se construye sobre ellos.
• Generar una identidad externalizada. Su autoconcepto puede verse influido por la validación externa (likes, comentarios, visualizaciones).
• Limitar la autenticidad. Al ser grabados con frecuencia pueden modificar su comportamiento para ajustarse a expectativas implícitas.
Al compartir aspectos íntimos de la vida (emociones, castigos, logros, dificultades) vulneramos el derecho a la intimidad; generamos incomodidad o vergüenza en etapas posteriores, especialmente durante la adolescencia y dificultamos el aprendizaje de límites personales.
La exposición digital temprana puede asociarse con:
• Ansiedad social. (sensación de ser constantemente observado o evaluado).
• Vergüenza o incomodidad. Particularmente si el contenido compartido es percibido como ridiculizante.
• Confusión entre lo público y lo privado.
• Dependencia de la validación externa. (relación entre autoestima y retroalimentación digital).
Dinámica familiar y vínculo afectivo El uso constante de dispositivos para grabar puede alterar la calidad de la interacción familiar pues se prioriza la documentación sobre la experiencia compartida; se generan dinámicas de presión o sobreexposición, especialmente en cuentas con gran número de seguidores, y principalmente, el niño puede percibir que su valor está ligado a su “rendimiento” frente a la cámara.
Exposición digital temprana y el desarrollo comunicativo La comunicación humana se construye en contextos sociales significativos, donde la interacción cara a cara y la reciprocidad emocional son fundamentales.
El creciente uso de dispositivos móviles y la tendencia al sharenting pueden modificar esta dinámica.
La práctica constante de grabar puede interrumpir la atención conjunta, elemento clave para la adquisición del lenguaje y modifica los patrones de habla dirigida al niño, volviéndolos más performativos que comunicativos.
Estas alteraciones pueden influir en la cantidad y calidad del input lingüístico que recibe el niño.
La exposición frecuente a la cámara puede incidir en la forma en la que el niño utiliza el lenguaje en contextos sociales: el niño puede volverse más consciente de ser observado, afectando su espontaneidad.
Prioriza respuestas “esperadas” o reforzadas socialmente y puede haber dificultades en la naturalidad pragmática.
En niños con dificultades del habla o del lenguaje (trastornos del desarrollo del lenguaje, trastornos fonológicos, trastornos del espectro autista, etc.) el sharenting puede aumentar la presión comunicativa, generando evitación o ansiedad.
Se puede afectar la autoestima del niño al exponer sus dificultades y, puede haber un reforzamiento de conductas no funcionales, es decir, se premian respuestas por su valor “grabable” y no por su función comunicativa.
Entonces ¿no debo grabar a mis hijos? Debemos promover el consentimiento, involucrar al niño, según su edad, en la decisión de ser grabado; analizar las motivaciones detrás de la publicación del contenido.
Informar sobre los riesgos asociados a la permanencia del contenido y priorizar el bienestar del menor; siempre anteponer las necesidades emocionales del niño sobre la exposición pública.
La exposición de los niños en las redes sociales puede parecer una práctica inofensiva, pero sus implicaciones emocionales y éticas son profundas.