Buscar: en:
Inicio > Revista

¿Y si esta fuera la generación Omega?

Los padres de hoy enfrentan un desafío que pocas generaciones conocieron. No basta con enseñar Español y Matemáticas, buenos modales, un segundo idioma, robótica o un oficio. Hay que formar personas capaces de conservar la esperanza mientras todo parece invitarlas al cinismo. Hay que enseñar a distinguir la verdad en medio del ruido, la compasión en medio de la violencia y la fe en medio de la incertidumbre.

Actualmente estar informado no es una decisión, basta consultar el celular para que los acontecimientos o la lectura de ellos, llegue a los ojos sin opción incluso, de seleccionar una fuente. En el interés de ver algo en la televisión me di cuenta de que en menos de veinte minutos había recorrido el mundo sin moverme del sillón. Guerras. Feminicidios y asesinatos a granel. Incendios en París y Canadá. Políticos acusados de corrupción o de violencia intrafamiliar en México. Una niña muerta en un campamento de verano en Tamaulipas. Tormentas o sequías aquí y allá. El terremoto que devastó a los venezolanos, sin omitir el sinfín de frivolidades que también pueblan las noticias de los diversos canales con mismas historias, pero con otros protagonistas.

Imposible no pensar en los nuestros, consuelo elevar una plegaria para pedir a Dios lo que Jesús enseñó hace más de dos mil años: "líbranos de todo mal..." Entonces pensé en qué si así estaba el mundo hoy, ¿cómo lo vivirían mis hijos en 30 o 40 años más?, ¿y si no hubiera un tiempo más?, ¿y si esta fuera la generación Omega?, la generación final.

No hablo de un nombre oficial ni de una clasificación demográfica. Ya tenemos suficientes etiquetas: Baby Boomers, Generación X, Millennials, Generación Z, incluso la llamada Generación Alfa. Algunos comienzan a hablar de la Beta, esa que apenas está naciendo. Pero ninguna de esas categorías alcanza a describir la sensación de vivir en una época donde el mundo parece caminar permanentemente en un caos al borde del abismo.


Generación Omega, considero, son quienes crecieron escuchando que el futuro sería mejor y despertaron descubriendo que cada mañana trae una nueva amenaza. No porque el mal haya nacido apenas ahora, sino porque nunca antes había estado tan cerca de nuestros ojos y oídos. Hoy llevamos el dolor del planeta entero en el bolsillo. Basta una pantalla para recibir una dosis constante de tragedia y apariencia.

Recordé las palabras del Evangelio cuando habla de guerras, hambre, catástrofes; del enfriamiento del amor entre las personas. No escribo esto para anunciar fechas ni para despertar miedo. Nadie conoce el día ni la hora. Lo escribo porque me impresiona la semejanza entre aquellos textos y los titulares en los que vivimos todos los días.

¿Cómo se educa un hijo cuando el miedo parece haberse convertido en el idioma del mundo?

Los padres de hoy enfrentan un desafío que pocas generaciones conocieron. No basta con enseñar Español y Matemáticas, buenos modales, un segundo idioma, robótica o un oficio. Hay que formar personas capaces de conservar la esperanza mientras todo parece invitarlas al cinismo. Hay que enseñar a distinguir la verdad en medio del ruido, la compasión en medio de la violencia y la fe en medio de la incertidumbre. Esa es la verdadera tarea de nuestra época, considero.

Porque si realmente estamos viviendo una generación Omega, entonces también estamos llamados a cultivar personas capaces de sostener el mundo cuando pareciera que todo intenta desmoronarlo. Prepararlos para ganarse la vida y conservar su alma al mismo tiempo. En las evaluaciones de habilidades escolares, que realizo en consulta, reiteradamente aparecen cuestiones como la disfunción familiar, el abandono por trabajo, la indiferencia y la codependencia, los malos hábitos escolares y los déficits de atención adquiridos en una dinámica de vida desordenada. Mapear todo esto y brindar posibilidades de tratamiento, o solución sin tocar el tema de fe o la espiritualidad me resulta verdaderamente difícil, sino es que inútil, en un mundo en el que el fin parece tan cercano pero la consciencia colectiva parece preferir no pensarlo.

La televisión me mostró un mundo roto, pero las aulas y el consultorio me confirman que ese mundo ya llegó a las casas. Además de las estadísticas, cada semana, cuando realizo una evaluación de habilidades escolares, el motivo de consulta parece ser uno: "no aprende", "no pone atención", "tiene problemas para leer", "es muy inquieto"; pero, conforme la entrevista avanza, casi siempre aparece la verdadera historia.

La disfunción familiar. La ausencia de los padres por jornadas interminables de trabajo. La sobreexposición a las pantallas. La falta de límites. La indiferencia. La ansiedad. La violencia silenciosa que no deja moretones, pero sí heridas profundas...

Entonces, comprendo que el problema rara vez comienza en el cuaderno. El cuaderno sólo termina revelándolo. Como Coach Académico, puedo diseñar estrategias, elaborar programas de intervención, recomendar ejercicios, trabajar para fortalecer procesos cognitivos y acompañar a las familias. Todo eso es necesario y tiene un enorme valor. Pero también he descubierto que hay heridas que ningún protocolo alcanza a tocar o disfunciones que sólo desde la espiritualidad se pudieran restaurar. Es ahí donde inevitable y definitivamente, aparece la dimensión espiritual del ser humano.

Como académica no puedo decirle a nadie qué creer, pero como madre y terapeuta, sí puedo hablar de la necesidad de profesar la fe, la que permite encontrar sentido, vibrar la esperanza y empoderarse en una dirección de bondad, aun cuando el mundo parece ir en contrario.

No sé si somos o veremos a la "Generación Omega", lo que sí sé es que, el mundo atraviesa una de sus noches más oscuras, entonces, la tarea de los padres, de los maestros y de quienes formamos personas no consiste en adivinar cuándo amanecerá. Consiste en encender todas las lámparas que estén a nuestro alcance.

Porque una generación no se salva únicamente por los avances tecnológicos que alcanza. Se salva por la capacidad de conservar el Amor, la Verdad y la Esperanza cuando todo está en contra de estos principios.

Si esta fuera la generación Omega, entonces nuestra misión no sería vivir con miedo el final, sino educar de tal manera que, cuando nuestros hijos miren hacia atrás, puedan decir que sus padres les enseñaron a vivir con fe, con carácter y con esperanza, incluso en medio de la incertidumbre.

Ya en la pandemia más reciente, nos cuestionamos si los conocimientos académicos era lo mejor que podían estar aprendiendo nuestros hijos; o acaso también plantar árboles y legumbres, encender fogatas, jugar, bailar, aprender a cocinar...Hace unos días vi con mis tres hijos y mi esposo, una vieja película de ciencia ficción. En ella, Sarah Connor dedica su vida a preparar a su hijo para sobrevivir al fin del mundo. Mientras la veía pensé que muchos padres de hoy, sin darnos cuenta, estamos haciendo algo parecido. En la Ciencia ficción Sarah Connor enseña a su hijo a huir y a sobrevivir con casi nada. Lo observado en ambas cuestiones, es que cuando sentimos que todo podía acabarse, espontáneamente dejamos de preocuparnos por el currículo y empezamos a preocuparnos por la vida. Sobrevivir es una habilidad, amar una decisión que se inicia en la entraña y educar, debe estar acorde con ambas desde todos los ámbitos.

Qué debería aprender nuestra descendencia si fuera la última generación del planeta a la que además le tocara ver de cerca la destrucción final; o mejor aún, qué estaríamos en disposición de hacer o dejar de hacer, para que el amor y la esperanza poblaran su vida, antes que la destrucción. En el principio de nuestra Era Jesús nos daba un sólo mandato: Ama a tu prójimo como a ti mismo… 2026 años después, el mandato sigue vigente, ante la destrucción parece que, es el amor por el otro, en el que está el sentido y la continuidad de la vida.

Si esta fuera realmente la generación Omega, ¿qué sería lo primero que decidirías enseñar hoy a tus hijos?

Abierto en agosto

Nuestra tienda permanecerá abierta durante todo el mes

Gastos de envío
G R A T I S
Envíos España península para pedidos superiores a 59,90 euros (más iva) (condiciones)

Compartir en:

compartir FaceBook

Síguenos en: Síguenos en Bluesky | Síguenos en Facebook | Instagram | pinterest

Enlaces rápidos a temas de interés

BOLETÍN

RSS | XHTML | CSS
Mapa Web | Registro | Contacta
© Majo Producciones 2001-2026 - Prohibida la reproducción parcial o total de la información mostrada