Los pueblos mesoamericanos Mayas, Aztecas, Olmecas, y, en nuestra América, Incas, Chibchas, Quechuas, etc. nos advirtieron de la presencia, en el interior del ser humano, de estos “variados visitantes” causantes de desgracias morales, sociales y mentales (los egos).
Las así llamadas “ciencias de mente” (ahora “ciencias cognitivas”), en más de dos mil años, no han sido capaces dar cuenta de los “procesos psicológicos” que orientan el desarrollo humano. ¿Ud cree que la psicología lo hace? Miremos cómo se ha desfigurado la salud mental en estos tiempos. Los medios, en distintos tonos, nos están alertando sobre el aumento de los conflictos psicológicos en niños, adolescentes, adultos, y personas mayores. Es un terreno que, pertenece al campo clínico, pero vale la pena mirar un poco la historia y considerar también otros saberes de tiempos ignotos que han ayudado a la comprensión del “psiquismo interior”.
En lo que podríamos llamar estudio de los “anales del ser humano” sobre inquietudes, anhelos íntimos, deseos, impulsos, emociones, pasiones, esperanzas, creencias erradas de uno mismo, fariseimos, desesperanzas, miedos, frustraciones, envidias, celos, abusos. Tangencialmente se abordan, pero las explicaciones se complican “patologizando” o normalizando lo anormal, como en el progresismo. Ahí quedamos. Un botón de muestra, los ambientes escolares; ”convivencia” le llaman ahora. Otros, “diálogo” como en el “globalismo”.
Desde tiempos inmemoriales estos temas han constituido parte importante en el “equilibrio existencial”. A esta tarea se dedicaron antiguos sacerdotes egipcios cuando crearon-templos y santuarios para el “culto Osiriano” en aras de la armonía universal o fertilidad de la tierra, la vida eterna, como formas de reflexión y así transformar al “ser vulgar” en un “ser interior”. En los “Misterios Tibetanos”, por ejemplo, existió la temática de los “agregados psicológicos” (demonios ROJOS de Seth, pecados capitales) como energías desordenadas que habitan el psiquismo humano entre otros tantos, la mecanicidad de la vida, pensamientos negativos, estados internos equivocados y la multiplicidad egoica. El cristianismo, de los primeros tiempos, enseñaba las formas para “aniquilar” estas entidades inferiores que dañan el alma y el espíritu. C.G. Jung (1875-1961) las llamó “egos” y que deben ser “decapitados¨.
La Filosofía Griega, hermana de la Philokalia Egipcia (amor por lo bello), hicieron nacer la “ciencia del Alma o, simplemente “psicología” (Griego: psique y logos) o “estudio sobre la psiquis y el alma”. Sí, dentro de los “misterios de Eleusis y de Dionisio, hubo enseñanzas dedicada a escrudiñar las “zonas obscuras” del comportamiento humano, elaborando una metodología para eliminar la “Medusa” (agua malas o mujeres diabólicas con serpientes en su cabellera en lugar de cabellos), el “Minotauro”(luchas interna entra la razón y lo animalesco), o las “Gorgonas” (que petrifican a quien las miran con manos de oro y cuerpo de serpiente) venenosas que buscan desestabilizar la armonía de la humanidad. Hoy lo vemos en la política y en las contradicciones de la ciencia. Sí, esa que se enseñan en las universidades o “aulas magnas” (cátedras)ignorando las “aulas lucii” (santuarios del espíritu puro). A propósito, recuerdo cuando visité, en el 2012, el campus de la Universidad de Stanford, EE. UU., me sorprendí entrar a una capilla ecuménica ¡verdadera catedral del conocimiento y del espíritu! Sí, allí existe. No sé cuánto de ello encontramos en nuestras universidades que ostentan escudos o sellos religiosos, hoy por hoy.
Los pueblos mesoamericanos Mayas, Aztecas, Olmecas, y, en nuestra América, Incas, Chibchas, Quechuas, etc. nos advirtieron de la presencia, en el interior del ser humano, de estos “variados visitantes” causantes de desgracias morales, sociales y mentales (los egos). Recordemos la Diosa Luna Coyolxauhqui (todo lo malo) enemiga de Huitzilopochti (el sol, la luz, el bien,). El primero acompañaba a los “cuatrocientos Surianos” o criaturas sin ley, anárquicos y violentos en la tradición Azteca. En “Harpas Eterna” de Hilarión del Monte Tebo- el mismo Pablo de Tarso o el Instructor de la Humanidad- nos enseña a “expulsar el maligno o el “inicuo” para restablecer la Paz y la Comunión con lo Divino. Si en el mundo científico, tomáramos en cuenta la sabiduría, y las cosmogonías de los pueblos originarios, viviríamos con mayor atención espiritual. Nuestra “esencia” será siempre la “lámpara de Aladino” que hace posible el prodigio de la vida.
En la historia del conocimiento ha habido demasiado racionalismo y patologización de la conducta humana. Debemos mirar más allá lo oficial, no tanto “intelligere”, Wundt, Galton, Binet, Spearman, Terman, Cattel, Carroll, Gardner, y afines.