Se estima que en los niños con TEA y desarrollo verbal aproximadamente un 75% demuestran ecolalia en algún momento de su desarrollo lingüístico (Prizant,1983). Este hecho nos obliga ineludiblemente a preguntarnos como especialistas que conformamos el equipo multidisciplinario ¿Qué tanto sabemos sobre el manejo de la ecolalia en el TEA? La intención de esta pregunta no es otra que apelar a la autoreflexión de la práctica diaria.
La nueva definición de la dislexia no habla solo del procesamiento fonológico, también del morfológico; menciona la relación con el lenguaje oral; propone una causalidad multifactorial, resultado de la interacción entre influencias biológicas, genéticas y ambientales e introduce que las debilidades tempranas del lenguaje oral pueden anticipar dificultades lectoras.