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Prevención y tratamiento a las alteraciones de la audición y el lenguaje. (Parte II)

La función reguladora facilita el control y la regulación de lo que pretendemos comunicar; es un intercambio de acciones con la consiguiente influencia ejercida mutuamente por los comunicadores sobre la base de los patrones ya establecidos.

Lorenzo M. Pérez Martín (2004:183) esboza una serie de elementos de la comunicación a nuestro juicio de cardinal significación:
 
·         La comunicación es un sistema, por lo que todos los factores que intervienen en ella se interrelacionan e influyen recíprocamente.
·         Es un proceso eminentemente activo, en el cual los sujetos participan a partir de su propia implicación subjetiva, por lo que en ningún caso desempeñan un papel absolutamente pasivo.
·         Es un proceso interactivo en el que participan dos personas al menos. Cada una influye en la otra como sujeto y, al mismo tiempo, es influida por esa segunda persona, lo que implica una interacción donde todos los participantes adoptan una posición activa, y ocurren conjugadas: la acción de uno depende de la del otro; lo que uno expresa, depende de lo expresado por el otro. Aunque es un proceso en el que participa más de una persona, y se crea de forma conjunta, cada individuo lo vive individualmente.
 
 
En sentido general, la comunicación humana cumple determinadas funciones: informativa, reguladora y afectiva, decisivas todas para garantizar la estabilidad emocional de las personas.
 
La función informativa facilita la transmisión de informaciones de importancia vital que interesan a todos los seres humanos, y retroalimenta el caudal de experiencias culturales, históricas, sociales, etc., sin otra intención que no sea informar, aunque, sin lugar a dudas, deja huellas si la información que se transmite no deja un mensaje positivo. No es la transmisión fría de las ideas, sino la actividad conjunta de los que participan en el proceso comunicativo a la que se suman las actitudes que aparezcan durante dicha actividad.
 
La función reguladora facilita el control y la regulación de lo que pretendemos comunicar; es un intercambio de acciones con la consiguiente influencia ejercida mutuamente por los comunicadores sobre la base de los patrones ya establecidos.
 
La función afectiva, de cardinal importancia, hace posible la transmisión de sentimientos y emociones que garantizan la estabilidad emocional, porque se vincula estrechamente a la esfera afectiva y vivencial de los miembros participantes en el proceso comunicativo. A decir de E. Núñez Aragón (2005:18) se ha dejado poco o ningún espacio a la función afectiva y existe la tendencia de que prevalezca la función regulativa de la comunicación.
 
En este sentido, M. Torres González (2006:2) apunta que para lograr una comunicación afectiva, efectiva y desarrolladora se debe:
 
·         Tener conciencia de la necesidad de la comunicación.
·         Comprender que comunicarse es salud, es calidad de vida.
·         Saber que hablarse, mirarse, acariciarse, escucharse, abrazarse, olerse, guardar el silencio necesario, es comunicación.
·         Fomentar la riqueza y la calidad de la comunicación.
·         Negociar los estilos de la comunicación.
 
 
La mencionada autora señala que para lograrlo es necesario:
 
·         Trasmitir mensajes claros, directos, en el contexto adecuado.
·         Privilegiar el contenido de las necesidades afectivas y los intereses.
·         Monitorear y retroalimentar permanentemente los aciertos y los desaciertos.
·         Respetar la identidad, el espacio, el tiempo, el ritmo, la intimidad y la diversidad.
·         Escuchar, intercambiar, estimular la crítica adecuada como un no a la violencia.
·         Buscar el equilibrio entre la comunicación verbal y la gestual.
 
 
Al analizar la comunicación con énfasis en aquellas personas que presentan alteraciones auditivas y en la propia comunicación, valdría la pena tener en cuenta los dos tipos propuestos por L. M. Pérez Martín (2004:187):
 
·         La comunicación que considera al otro como sujeto, o sea, respeta su personalidad, su individualidad y reconoce sus derechos, sobre todo, el de ser distinto y opinar diferente.
·         La comunicación que considera al otro como un objeto, como un medio para alcanzar los objetivos personales propios, sin respetar su individualidad y su derecho a ser diferente, o, en todo caso, con un respeto condicionado por los fines que persigue.  
 
 
Entre ambos cabe distinguir el primero, porque además de garantizar una verdadera relación humana, es tener presente, que comprenderse, tolerarse y aceptarse es la finalidad y el contenido de la comunicación.
 
En ese intercambio comunicativo es necesario tener en cuenta no sólo el lenguaje verbal, sino otras formas que facilitan la comunicación; dígase, el lenguaje de los gestos; de las expresiones de la boca y de los ojos (facial); los movimientos de las manos; la postura; la mímica corporal, y el lenguaje tonal, referente al tono de voz empleado. Todas estas formas del lenguaje, capaces de sustituir el lenguaje oral, reflejan reacciones emocionales y ofrecen una información adicional de interés enorme y, por lo general, son indicadores de la activación emocional del individuo. La comunicación gestual, el contacto piel a piel son a veces más necesarios que la propia palabra.

 

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