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Importancia de la afectividad como centro de aprendizaje en educación infantil.

El porqué es importante el afecto o lo emocional en el desarrollo de los niños es más que evidente, pero siempre lo hemos visto como algo que se ha de desenvolver en el seno familiar. Pero ¿Por qué no se puede dar en las aulas? ¿Por qué se le da más importancia a otras materias y las relacionadas con el afecto o las emociones no se enseñan también en las aulas? He aquí la cuestión de la que vamos hablar a continuación.

Existen dos tipos de factores que interviene en el desarrollo del ser humano, estos son los factores endógenos o internos y los factores exógenos o externos. Dentro de los externos hay que destacar que las experiencias educativas y afectivas componen uno de los factores que mas afectan al desarrollo del niño. Esto es las situaciones afectivas que rodean al sujeto a lo largo de su vida. Estas tienen más importancia en los primeros años por la plasticidad que tiene esos niños en esta etapa y por ser donde se va a sentar el desarrollo de etapas posteriores.
 
En la década de los 40 y de los 60, se realizaron unas investigaciones sobre niños que han pasado tiempo prolongado en instituciones donde no han tenido la posibilidad de crear vínculos afectivos con los adultos que les rodeaban, o que habiéndolo tenido se habían roto. Estos estudios son los realizados por René Spitz que experimentó en orfanatos y dieron lugar al llamado Síndrome de hospitalismo o los estudios de Bowlby que demostraron la importancia que tiene para el desarrollo infantil las circunstancias afectivas que lo rodean.
 
En los estudios realizados por René Spitz, se concluían que éstos niños entraban en un período en el que predominaba un estado tranquilo y se convertían en muy demandantes de atención. Posteriormente entraban en un período donde se volvían pasivos y taciturnos, para entrar en un último período donde se negaban a comer y muchos morían. Estos bebés se negaban a vivir denunciando que algo faltaba para su bienestar social, lo que falta era la madre, pero no sólo la madre física, sino el ámbito familiar que el cuidado maternal aporta.
 
Del mismo modo se realizó otro estudio con monos Reshus, el cual fue llevado a cabo por el psicólogo estadounidense Harry Harlow (1905-1981), este, estudió en la década de los 60, la crianza y la privación afectiva de los monos rhesus. La investigación consistió en separar a las crías de mono de sus madres biológicas y cambiarlas por madres artificiales. Una de estas falsas madres fue hecha de red metálica preparada con un biberón y la otra fue fabricada de felpa, pero sin alimento.
 
Las crías acudían a la madre de red metálica con el biberón únicamente cuando sentían hambre, el resto del tiempo lo pasaban con la falsa madre de felpa. Cuando se asustaban o se les intentaba cambiar de alojamiento, gritaban, lloraban, se chupaban el dedo y buscaban la protección de la madre de felpa. Este experimento demostró cómo el apego prima sobre la alimentación, echando por tierra la hipótesis de que lo que busca el bebe rhesus es la leche de su madre. Algo que sucede también con los bebes humanos.
 
Lo cual nos lleva al vínculo del apego, Este vínculo tiene por función principal asegurar la supervivencia del bebé humano, satisfaciendo sus necesidades físico-biológicas, emocionales-sociales y cognitivas, garantizando la comunicación con el entorno físico y humano.
 
El tacto, el olor de la piel, el calor, la mirada, la sonrisa y la voz son los elementos que intervienen en la constitución del apego.
 
La figura de apego, entonces, tranquiliza al niño y le ayuda a ir comprendiendo el mundo que le rodea, permitiendo así que continúe su exploración. Todo el aprendizaje, adecuación y dominio progresivo del mundo real depende de la posibilidades y la calidad de la exploración (Chokler, 1988).
 
Por todo esto y muchos estudios más que se han realizado, es muy importante que la afectividad sea algo que se trabaje en las escuelas y desde las escuelas también. Si acudimos al currículo para el primer ciclo de educación infantil en la Comunidad de Madrid vemos cómo se desarrolla, entre otros, el siguiente contenido:
 
“En el primer ciclo se atenderá especialmente a la adquisición de hábitos elementales de salud y bienestar, a la mejora de sus destrezas motrices y de sus habilidades manipulativas, al desarrollo del lenguaje, al establecimiento de vínculos afectivos con los demás y a la regulación progresiva de la expresión de sentimientos y emociones”.
 
El primer ciclo de la Educación Infantil atenderá fundamentalmente los siguientes ámbitos de experiencia:
a) El desarrollo del lenguaje como centro del aprendizaje.
b) El conocimiento y progresivo control de su propio cuerpo.
c) El juego y el movimiento.
d) El descubrimiento del entorno.
e) La convivencia con los demás.
f) El equilibrio y desarrollo de su afectividad.
g) La adquisición de hábitos de vida saludables que constituyan el principio de una adecuada formación para la salud
 
Pero si damos un salto a la educación primaria, vemos como un contenido tan importante como es el de la afectividad y las emociones desaparecen y se da más prioridad a otras materias como lectura, matemáticas, y ciencias. ¿Es que acaso en primaria ya o hace falta que haya un equilibrio en el desarrollo de su afectividad? ¿Es que cuando nos hacemos mayores ya no necesitamos trabajar las emociones?

 

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