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Soy parte de esta historia

 En la actualidad contamos con una figura masculina más presente, o que al menos se esfuerza por serlo desde otras formas y sentires. Estos hombres  quieren acompañar, ser parte de la historia, no sólo desde el cuidado, la protección o el sentido de responsabilidad de proveer económicamente a una familia, sino que ahora desean conectarse y crear vínculos desde otras perspectivas de amor, empatía, interacción y expresión

Quiero dedicar este pequeño espacio para hablar de la figura masculina, ¡sí, de la figura masculina y su rol en la crianza de los niños y las niñas!, del tuyo, de los que ejercen este rol de vida tan importante y de los que lo ejercerán, ese rol que ha cambiado en los últimos años y aún nos cuesta realmente naturalizar e involucrar en todos los sentidos.

 

Y es que en la actualidad contamos con una figura masculina más presente, o que al menos se esfuerza por serlo desde otras formas y sentires. Estos hombres  quieren acompañar, ser parte de la historia, no sólo desde el cuidado, la protección o el sentido de responsabilidad de proveer económicamente a una familia, sino que ahora desean conectarse y crear vínculos desde otras perspectivas de amor, empatía, interacción y expresión. Esta figura masculina legítima el emprendimiento de la mujer y su mundo laboral, lo reconocen y valoran, entendiendo que ya son dos en esta construcción de hogar desde las mismas posibilidades, en definitiva quieren pertenecer.

 

Por eso deseo que reflexionemos sobre este rol, y la importancia de su presencia consciente en el hogar, porque ya hemos dedicado muchos espacios a las madres, dándoles herramientas, cursos, talleres, escritos; resaltamos su labor y siempre les damos prioridad, pero… ¿Y los padres? ¿La figura masculina en el hogar? ¿Será que ellos no necesitan ayuda, apoyo, información, herramientas, espacios de aprendizaje, de encuentro y resaltar su labor?

 

Aunque como sociedad hemos avanzado en ello, aún nos falta, y se evidencia en muchos espacios, es más, desde el lenguaje lo podemos denotar, porque aunque promovemos la importancia de su presencia, tenemos naturalizados estereotipos de género que dependiendo de la situación son desfavorables para las mujeres o para los hombres. Por ejemplo en algunos centros comerciales el cambiador solo está en el baño de las mujeres, en estos casos si un padre va con su bebé, no tiene un espacio adecuado para cambiarlo, o si vemos un padre solo con sus hijos un domingo, pensamos que es separado y seguro es su día o momento para compartir con la familia ¡El día que le tocó!, o si lo vemos haciendo mercado con la bebé, lo miramos con tristeza o pensamos ¿dónde estará la esposa? o la mamá, o ¿Por qué esta solo?, no pensamos que es algo natural y que hace parte de su vida, algo que hace con gusto y amor, y que elige hacerlo,  así mamá este en casa o en otro lugar haciendo otras cosas.

 

Todos los cambios empiezan desde casa, desde cada uno de nosotros y desde el rol que asumimos como parte de la sociedad, en cada comentario, decisión y acción, sea cual sea el escenario, buscando movilizar culturalmente una sociedad hacia la igualdad de derechos y la equidad de género. Los padres que queremos para nuestros hijos, la figura masculina que queremos en la sociedad de hoy, en donde las familias renovaron sus papeles, que comprenden cada vez más que el mundo se transforma, busca ser mejor cada día para dejar una huella positiva en los niños y las niñas, y para esto los padres necesitan un lugar diferente en la sociedad y en los hogares, desde todas las perspectivas.

 

A éstos padres, los debemos acoger con amor y orgullo, ofrecer a su rol herramientas de crianza y educación, involucrarlos en los escenarios de aprendizaje, de lúdica, de diversión y vínculo con los niños y las niñas, esto requiere que todo esté pensado para dos, desde el lenguaje,  lo visual, y lo imaginado; se requieren cambios de perspectiva conscientes, se necesita que nos demos cuenta de todas las acciones que hacemos y que limitan a los hombres en la crianza, cuando no los tenemos presentes o cuando etiquetamos una acción negativa con su género; ambos, padres y madres, mujeres y hombres independiente del rol que asuman en un hogar, hacen parte tanto de los triunfos y las certezas como de los errores, ambos son humanos en esta ola inesperada de amor y crianza.

 

Ambos deben ser un equipo, estén en una relación o no, el equipo más poderoso de la historia, un equipo que sea consciente de su impacto en la primera infancia, de sus palabras, de sus acciones desde la presencia de ambos, evitando que sus hijos asuman roles equivocados por llenar vacíos de papá y mamá, coequiperos, para que nadie sea el malvado o el súper héroe ante los hijos, ambos son y serán motivo de ejemplo y cohesión. La coherencia entre el discurso y la acción, son ejemplo del vínculo de amor.

 

Para aquellos papás solteros nuestro valor y apoyo, cada padre y madre tiene un historia y de acuerdo ello, acompaña el proceso de crianza; los niños y las niñas deben estar al margen de las dificultades de pareja o situaciones individuales. Procuremos cortar con historias de dolor y angustia, promovamos el vínculo sano y la expresión de afecto desde la palabra, “hijo te amamos, aquí estamos”, desde la protección, el abrazo, la mirada; promovamos que papá también vaya por las notas al colegio, estimulemos la conexión con sus hijos.

 

Con frecuencia escuchamos “Papá no ayuda”, pero es necesario pensar que papá hace parte de la historia y tiene un papel protagónico, que enmarca la mayoría de los recuerdos de nuestra infancia, recuerdos que nos acompañan toda la vida. Papá también puede conectar, amar, enseñar, llorar y necesitar de un abrazo. Papá también tiene miedos y expectativas, también tiene momentos en los que no sabe qué hacer pero evita nombrarlo, papá también quiere ser parte de la historia de sus hijos, permitamos que lo sea realmente, profundamente, desde la intimidad, desde la sabiduría y, desde el amor.

 

Hoy, los niños y las niñas quieren y necesitan papás felices, comprometidos con su rol, desde el amor, el respeto y los límites.

 

 

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