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La eficacia del método TEACCH en personas con TEA. Una revisión (Parte I)

El presente trabajo, se centra en la metodología TEACCH siguiendo los siguientes objetivos: por un lado, determinar en qué áreas presenta mejoría los niños con TEA y, por otro lado, ver cómo repercute en el estrés de dichos padres y probar la eficacia de dicho método. Se realizó una búsqueda bibliográfica siguiendo unos criterios de inclusión y excusión.

El Trastorno del Espectro del Autismo (TEA) es un trastorno del neurodesarrollo en el que ha ido variando su clasificación a lo largo de los años, debido a las diversas manifestaciones clínicas que presenta. Los individuos que presentan dicho trastorno, necesitan mejorar o potenciar todas las áreas de su desarrollo con el fin de mejorar su calidad de vida. Por ello, existen distintas metodologías que se aplican dependiendo del caso. En el presente trabajo, se centra en la metodología TEACCH siguiendo los siguientes objetivos: por un lado, determinar en qué áreas presenta mejoría los niños con TEA y, por otro lado, ver cómo repercute en el estrés de dichos padres y probar la eficacia de dicho método. Se realizó una búsqueda bibliográfica siguiendo unos criterios de inclusión y excusión y, al terminar la búsqueda, se recopilaron una serie de investigaciones, las cuales proporcionaron como conclusiones principales que el método TEACCH es eficaz en las personas con TEA en todas las etapas de su vida tanto en el contexto familiar como en el contexto educativo. Del mismo modo, este método ayuda a reducir el estrés de los padres así como, las personas con TEA, mejoran en las distintas áreas de su desarrollo, como puede ser, en sus actividades de la vida diaria, en la comunicación, o lenguaje oral entre otras.

 

 

Palabras clave: TEACCH, método, TEA, áreas, contextos, estrés, eficacia.

 

INTRODUCCIÓN

El siguiente artículo se va a centrar en la población de personas con Trastorno del Espectro del Autismo, ciñéndonos así, dentro de una población con dificultades del desarrollo específicamente. Además, se centrará en la etapa infantil y adulta, en las cuales, son cuando se empieza a desarrollar el trastorno y en la que se empieza a intervenir a través de distintas metodologías y/o técnicas de intervención. Asimismo, así, se puede observar cómo siguen existiendo dificultades en distintas áreas cuando estas personas llegan a la edad adulta.

El Trastorno del Espectro del Autismo (TEA de aquí en adelante) es un trastorno del neurodesarrollo según el manual DSM-V de origen biológico y de inicio en la infancia. Este afecta fundamentalmente al correcto desarrollo de la comunicación social y de la conducta, presentando comportamientos e intereses repetitivos y restringidos (Zúñiga, Balmaña y Salgado; 2017).

Este concepto se ha ido modificando y variando a lo largo del tiempo gracias a la labor de investigación. El primer trabajo realizado sobre este tema, fue llevado a cabo por Kanner en 1943, sobre el cual, se han ido realizando revisiones, hasta la actual, que es la que está publicada en el DSM-V. En dicho manual, se exponen una serie de criterios que se deben cumplir para que se pueda diagnosticar el TEA, con unos rasgos y unas características específicas:

 

Tabla 1. Criterios del TEA del DSM-V

A. Deficiencias persistentes y clínicamente significativas en la comunicación e interacción social que se presentan en diferentes contextos, ya sea actualmente o en el pasado:

-     Deficiencias    de   reciprocidad    socioemocional,    aproximaciones    sociales anormales y fracaso para mantener una conversación bidireccional.

-     Dificultades en la comunicación no verbal que repercuten en la interacción social.

-     Dificultades para desarrollar y mantener relaciones sociales adecuadas.

B. Presencia de patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidos y repetitivos, tal como se manifiesta en dos o más de los siguientes puntos:

-     Comportamientos estereotipados y repetitivos.

-     Comportamientos ritualizados y con resistencia al cambio.

-     Intereses restringidos y fijos.

-     Hiper o hiporreactividad sensorial inusual por aspectos del entorno.

C. Los síntomas se manifiestan en la primera infancia, aunque pueden no llegar a manifestarse plenamente hasta que las demandas sociales sobrepasan las capacidades limitadas.

D. El conjunto de síntomas crea interferencia en el funcionamiento del día a día.

 

Como se puede observar en la tabla 1, las manifestaciones pueden ser muy variables y dependerá del grado de afectación que tenga la persona. Por tanto, se puede destacar que los Trastornos del Espectro del Autismo pueden presentar manifestaciones muy amplias, con una sintomatología diferente en cada caso, lo que dificulta clasificar a los individuos que la padecen. Estos cuadros clínicos dispares, estaban clasificados de una forma en el DSM-IV y han sido incluidos todos dentro de la etiqueta de Trastornos del Espectro del Autismo en el DSM-V como se puede ver en la siguiente tabla según exponen en su artículo Vázquez, Moo, Meléndez, Magriñá y Méndez (2017):

 

 

Tabla 2. Clasificaciones DSM-IV y DSM-V

 

DSM-IV

DSM-V

Trastornos de Inicio de la Infancia y de la Adolescencia.

Trastornos del Neurodesarrollo.

Retraso Mental.

Discapacidades Intelectuales.

Trastornos Generalizados del Desarrollo.

Discapacidad Intelectual.

Trastorno Autista.

Retraso Global del Desarrollo

Trastorno de Rett.

Discapacidad Intelectual no Especificada.

Trastorno Desintegrativo Infantil.

 

Trastorno de Asperger.

Trastorno del Espectro Autista.

Trastorno Generalizado de Desarrollo no Especificado.

Trastorno del Espectro Autista.

 

Como apuntan en el artículo de Vázquez et al. (2017) en la clasificación del DSM- IV el TEA estaba dividido en varias categorías y dentro de los Trastornos de Inicio de la Infancia y de la Adolescencia. Al revisarlo y al publicar el DSM-V este diagnóstico está incluido dentro de los Trastornos del Neurodesarrollo, reduciendo muchas categorías y englobándolas dentro de los Trastornos del Espectro del Autismo, con el fin de simplificar y unificar criterios a la hora de ofrecer un diagnóstico.

Si ahora se atiende a la etiología y prevalencia del trastorno, se pueden resaltar los siguientes datos. Hay estudios que evidencian que el 20% de las personas con autismo presentan epilepsia y anormalidades en el trazado electroencefalográfico (Bonilla y Chaskel, 2016). En la misma línea, la etiología de este trastorno se puede explicar a través de dos teorías según Calderón (2002). Por un lado, están las teorías psicogénicas que defienden que los niños que la padecen no nacen con ello, sino que se desencadena debido al contexto familiar y social en el que se desenvuelven. Por otro lado, se  encuentran las teorías biológicas, que defienden que el desfase cognitivo que presentan estas personas tiene un papel muy importante en la confirmación del diagnóstico.

Del mismo modo apuntan que en investigaciones con gemelos, más del 80% heredan este tipo de trastorno. También se puede señalar que afecta más a hombres que a mujeres, con una proporción 4:1, aumentando de año en año su prevalencia tanto en España como en distintos países del mundo (Vázquez et al., 2017), como se refleja en el trabajo de Garrabé (2012) manifestando una prevalencia de 2.5 casos por cada 10 mil personas.

Por ello, aunque es un trastorno muy complejo, diversas investigaciones apuntan una serie de características generales que presentan los individuos con este tipo de trastorno como señala Calderón (2002) o Martos y Ayuda (2002):

Las personas con TEA presentan incapacidad para establecer relaciones sociales adecuadas con otras personas, obteniendo dicho diagnóstico en la primera infancia debido a la temprana aparición de síntomas. Presentan un fracaso en el mantenimiento y correcto desarrollo de vínculos afectivos con otros individuos debido a que prefieren estar solas y manifiestan conductas de interacción inapropiadas según Gómez y Álvarez (2008).

 

Estas personas, aunque presentan buena memoria, presentan un déficit en el juego simbólico e imaginación que se observa en su juego reducido, siendo este, restringido y obsesivo. En cuanto al lenguaje oral, suelen presentar un retraso en su adquisición y en algunas ocasiones, no aparece, dependiendo de la afectación cognitiva que presente el individuo. Suelen presentar un lenguaje muy ecolálico, con inversiones pronominales y no suelen dar un buen uso de él. Por tanto, se puede destacar que presentan dificultades fundamentalmente con el componente sintáctico y pragmático. Hay sujetos, como son los individuos con Síndrome de Asperger incluidos dentro de los TEA que presentan un adecuado desarrollo de todos los componentes del lenguaje oral, pero tienen dificultades en la comprensión de actos de habla indirectos, ironías, dobles sentidos, frases hechas, etc.  Martos  y  Ayuda  (2002)  señalan  que  estos  sujetos  además  ―hace  un  uso  de  un lenguaje retórico, poco ajustado al interlocutor, con ausencia de verbos mentalistas, dificultades en el uso de la deixis y de vocabulario abstracto, y escaso uso de las preguntas, que tienden a ser repetitivas” (pág. 59). Aunque como bien apuntan estos investigadores, no hay ningún síntoma del lenguaje oral que sea específico en personas con Trastorno del Espectro Autista. Bajo esta idea, se puede decir que las personas con TEA pueden presentar dificultades en la comprensión de oraciones relacionado con la falta de integración de información en algunas de las órdenes que se le ofrecen. Además, cognitivamente, los niños con autismo presentan dificultades para el control de impulsos, ausencia de respuestas adecuadas y ajustadas al contexto en el que se encuentran, así como, para planificar y ejecutar una determinada acción, presentando un pensamiento muy rígido.

 

Debido a todas estas dificultades mencionadas anteriormente, los niños con TEA deben empezar a trabajarlas cuanto antes. Los programas llevados a cabo desde los servicios de Atención Temprana tienen el objetivo de satisfacer las necesidades del niño con TEA y de sus familiares con el fin de mejorar su calidad de vida (Millá y Mulas, 2009). Este servicio está formado por un equipo multidisciplinar que será el encargado de ofrecer un diagnóstico precoz, de diseñar un programa específico usando métodos y recursos eficaces y facilitando la comunicación entre las diferentes personas que forman parte de la vida del niño con TEA. Por tanto, autores como Canal, García, Santos, Bueno y Posada (2014) destacan la importancia de la atención temprana tanto en el proceso de detección como de intervención temprana en personas con este tipo de trastorno.

 

Para llevar a cabo esta intervención tanto con el niño como con la familia, se pueden usar distintas metodologías y diversos tratamientos, cada uno, siguiendo un enfoque distinto y trabajando unas áreas distintas.

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