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Evolución de las praxias estomatológicas. (Parte I)

Como consecuencia del proceso antropológico las estructuras maxilofaciales quedaron agrupadas en tres zonas morfológicas diferentes: la cavidad bucal, la nasal y la faringea, siendo esta ultima el camino común para la entrada del aire y de los alimentos.
Evolución de las praxias estomatológicas.

Las estructuras maxilofaciales a través de la evolución de millones de años, han conformado en el hombre actual un sistema anátomo-funcional de extraordinaria complejidad, denominado sistema cráneo-oro-cervical o sistema estomatognático.



Estas estructuras tienen un crecimiento acelerado durante los primeros cuatro años de vida. En este lapso aumentan espectacularmente de tamaño, sufren una importante remodelación, a la vez que desarrollan una imbricada interrelación funcional de creciente complejidad.



Su morfología se vincula con seres tan inferiores y lejanos del hombre como el gusano. En base a una arquitectura centrada en eje, el primitivo intestino, que se conectaba con el exterior por medio de un orificio, fue el origen de los procesos faciales que se fueron desarrollando a través de millones de años, y pasaron por los diferentes estadios de la escala zoológica. Alrededor de este estomodeo, se fueron formando distintos órganos como: los ojos, nariz, lengua, maxilares, dientes, paladar, labios, oídos, en lo que se denomina proceso de cefalización.

En el hombre, las estructuras periféricas usadas desde el inicio de la vida para las primeras adaptaciones con el medio: la respiración y la alimentación (funciones vegetativas), se fueron complejizando funcionalmente y tomaron también la capacidad de: emitir la palabra articulada, hablada y cantada (funciones de comunicación)

Esta funcionalidad parece representar la evolución y preeminencia del hombre sobre el resto de la escala zoológica.

El ser humano fue adaptando sus potenciales genéticos al medio ambiente y sufrió grandes transformaciones, algunas de ellas especificas de las estructuras maxilofaciales.

Consiguió una postura erecta antigravitatoria, aumentó su masa cerebral, logró el sostén de su cabeza en posición horizontal, pudo liberar los miembros superiores y crear herramientas extracorporales.

Culminó su jerarquización con la capacidad de adquirir un pensamiento lógico y abstracto, y un lenguaje simbólico, que se instrumenta con las estructuras maxilofaciales y le permiten la comunicación oral.

Así logro atributos humanos, que lo ubican a una distancia abismal del resto de los animales.

Y es su rostro el que parece canalizar su jerarquía. Él representa la identidad de cada uno de nosotros y es el medio por el cual nos relacionamos. Recibimos del medio la información por medio de: la visión, la audición, y el tacto y también por medio de él expresamos nuestros sentimientos, lo que pensamos, nuestros conocimientos. En suma, a través de la palabra hablada, la mímica facial, la mirada y la entonación de nuestra voz mostramos nuestra personalidad



Como consecuencia del proceso antropológico las estructuras maxilofaciales quedaron agrupadas en tres zonas morfológicas diferentes: la cavidad bucal, la nasal y la faringea, siendo esta ultima el camino común para la entrada del aire y de los alimentos.



Sin embargo, los alimentos pasan al esófago y el aire a la traquea, pues la úvula, las fauces y la epiglotis están provistas de músculos constrictores, llamados cortinas, que sincronizan las funciones del aparato respiratorio y digestivo permitiendo que el alimento y el aire se entrecrucen en dirección dorso-ventral.
Esta disposición anatómica es la que facilita que sean las mismas estructuras, agrupadas en diferentes secuencias de movimientos elementales, las que participen en la realización de las diferentes praxias y que estas en su conjunto ejerzan una acción morfogénica sobre el crecimiento cráneo-facial.

Funciones fisiológicas de la boca
Masticación (incisión, fragmentación, trituración, etc.)
Presión de los materiales alimenticios
Succión
Deglución
Vómito y nausea
Desgarrar
Escupir
Morder (instrumento de lucha)
Lamer
Hablar y cantar
Silbar y soplar
Coordinar con las manos para desgarrar
Canal respiratorio (respirar, estornudar, toser)
Fumar
Detectar sustancias nocivas en la comida
Presionar los dientes por emoción
Probar, saborear, sentir el gusto
Placer sensorial (textura de la comida y otros)
Besar
Salivación


La ontogenia repite en forma sucinta las referencias de la filogenia.

En el recién nacido se inician sus capacidades orales, con las reacciones reflejas de respiración y succión-deglución, y el proceso de adquisición de las diferentes funciones se prolonga hasta alrededor de los 5.-6 años, que es cuando el sistema adquiere un discreto equilibrio. Este proceso ha sido denominado por la escuela francesa, “Hominización de la extremidad cefálica”, y a lo largo de él, la madre por medio de las cuidados maternales, inicia la formación del núcleo emocional básico del niño.

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