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¿Es la cultura juvenil un problema disciplinario o económico?

El presente artículo aborda los problemas de inclusión y exclusión de los jóvenes en el sistema productivo nacional, vistos desde la perspectiva del choque cultural surgido en el espacio educativo propiciado por los cambios económicos, políticos sociales y laborales del mundo actual. Esa reconfiguración cultural obliga a ver el espacio escolar como un lugar donde convergen y conviven distintas culturas, y cuya responsabilidad obliga a la mediación reflexiva de los actores involucrados.

Omar Bandala Fonseca | 30/07/2015

La mundialización de las economías, así como las políticas de modernización y de ajuste o cambio de un estado paternalista y populista a otro neoliberal y capitalista, constituyen en América Latina el marco de referencia de los procesos de integración y de exclusión de los jóvenes en la sociedad. Estos mecanismos han generado fuertes restricciones económicas en el sector educativo y han modificado su forma de gestión (Tiramonti, Duseel Guillermo, 1995). En paralelo a ello, los profundos cambios experimentados en el desarrollo industrial, las transformaciones en el proceso productivo, la urbanización, las mutaciones en el seno familiar, las nuevas organizaciones políticas y los cambios en la esfera cultural, han planteado serios problemas para la juventud y están modificando el papel socializador e integrador de la educación. 

Por ello es importante visualizar dónde comienzan las contradicciones de las dos grandes tendencias mundiales, la integración y la exclusión. También es importante considerar que aunque las regiones difieren mucho en sus problemas actuales en materia de integración social de la población joven, así como en los retos planteados a las instituciones educativas, ninguna problemática puede ser objeto de una reflexión ni solución en su contexto exclusivamente nacional (Bendit y Gaiser, 1995;  Einsentadt, 1995;  Coleman, 1989).

Al igual que en los países del primer mundo, en las zonas urbanas de nuestro país, el periodo de la etapa juvenil tiende a prolongarse ante las dificultades para conseguir un empleo sólido y bien remunerado. Para algunos autores, la falta de programas bien estructurados de atención a la juventud, ha convertido la vida escolar en la opción más viable de este sector para permanecer incluido en la dinámica social, pues aunque estructuralmente se encuentra limitada y con grandes deficiencias, la escuela sigue siendo la vía más rápida e idónea para realizar este proceso de integración social de los jóvenes (De ibarrola y Weiss, 1996).

Si bien en México se ha dado durante la última década una mayor participación de la población joven en la educación media, alcanzando una tasa de escolarización de 59.7% (SEP, 2007), persisten procesos de segmentación y de consecuente inequidad en los resultados que el nivel ha podido ofrecer.  Por lo tanto, resulta crucial que la población joven pueda encontrar alternativas para hacer frente a las dificultades que plantea la sociedad actual y así integrarse a una vida adulta y productiva. Sin embargo, la educación nacional de nivel medio superior enfrenta severos problemas de crecimiento, masificación, pérdida de identidad, desviación de su sentido, ausencia de propuestas pedagógicas acordes con las propias necesidades; pérdida de la calidad e irrelevancia para la formación de los jóvenes 

provenientes de los más diversos sectores sociales, que demandan una formación con mayor sentido (De Ibarrola y Weiss, 1996).

En los años recientes se ha verificado una serie de modificaciones que se está generando no sólo en el nivel medio superior, sino aun en el conjunto del sistema educativo. Dichos cambios responden a nuevas políticas de modernización que colocan a la educación en el eje de las transformaciones económicas y sociales, por lo cual se la reconoce como un componente básico del futuro (CEPAL-UNESCO 2006).

Durante las dos últimas décadas, y como resultado del descuido que ha sufrido el nivel educativo medio superior, se apunta a la agudización de su problemática, que en un futuro estará afectada por una mayor demanda que se derivará del incremento de la escolaridad básica obligatoria (primaria y secundaria, 9 años) y por la ausencia de otros tipos de oportunidades para los jóvenes en edad de estudiar en este nivel.

Los actuales desafíos requieren brindar las competencias básicas para la integración de los jóvenes a la sociedad y al mundo productivo. Esto obliga a pensar en los alumnos como demandantes de los servicios educativos, cuyas diferencias respecto de necesidades, trayectorias de formación y aspiraciones no han sido completamente reconocidas en los procesos de crecimiento y diversificación del nivel, debido a las políticas educativas aplicadas durante las últimas décadas (De Ibarrola y Weiss, 1996).

Por otra parte, las expresiones de los alumnos no han sido lo suficientemente tematizadas por la investigación educativa, de modo que han quedado fuera de consideración sus opiniones y puntos de vista en torno a cómo, desde su experiencia social concreta, viven el hecho educativo, los valores y el sentido que al respecto refieren; la confianza que depositan en la escuela y las expectativas que formulan de cara al futuro (Carvajal, 1999). Por el contrario, con frecuencia estas manifestaciones se han catalogado como actos de indisciplina escolar o como desencuentros generados en el aula, y en su lugar se ha dado prioridad a estudios sobre el desempeño escolar, los problemas de reprobación, de deserción y otros relativos a la eficiencia terminal del sistema, los cuales proyectan, ante todo, lo que desde la lógica de las instituciones parece prioritario (Carvajal 1999).

Por lo tanto, si no se incluye la cultura juvenil en la reformas de la educación media superior en México, entonces el problema de integración al mundo laboral, social y económico de los jóvenes no será solventado de manera adecuada.

CONCLUSIONES
Para finalizar, podemos concluir que un gran número de jóvenes se encuentra desmotivado respecto de las actividades educativas, pues ellos perciben la escuela como una institución cerrada y lejana que los obliga a realizar diariamente rituales de actividades estereotipadas, a las cuales no les ven mayor sentido y que les parecen muy distantes de su forma de ser. Los jóvenes no pueden incorporar sus vivencias e integrarlas a los conocimientos académicos, los cuales no logran movilizar sus emociones, su energía, su creatividad. 

Por lo tanto, se hace obligado incluir en las transformaciones educativas del nivel los siguientes aspectos: 
1) reconocimiento e incorporación de la cultura juvenil al espacio escolar; 
2) participación y convivencia  democrática de los alumnos; 
3) sensación de pertinencia del currículum escolar; 
4) mejora del autoconcepto académico de los alumnos y docentes.  
De no ser incluidos, seguirá creciendo el abismo de inclusión y exclusión de los jóvenes en el proceso productivo nacional e internacional. 

 

Referencias

[1]  Según la UNESCO (2008), uno de cada cuatro jóvenes en edad de cursar el bachillerato no asiste a la escuela. Otros datos preocupantes: la eficiencia terminal es del 60%; la tasa de deserción es de 16 % y la de reprobación de 33%. Por otro lado, sólo 4% de la población de 17 y 18 años del nivel de ingreso más bajo, está inscrito en instituciones de educación media superior.  Ante ese contexto, la UNESCO recomienda que la educación se coloque en el centro de la política estatal y regional, para que las condiciones de desigualdad no sigan en aumento.

Aparicio, P. (25 de Enero de 2008). Los jóvenes y los retos de la inclusión educativa y laboral en Argentina, a partir de las transformaciones de los años 90. Causas, dinámicas y consecuencias. Recuperado de REDIE: http://redie.uabc.mx/vol10no1/contenido-aparicio.html
Bandala, F. O. (2006). Las prácticas pedagógicas en el aula: ¿Un paso a la libertad o a la dominación? Diálogos Revista Electrónica de Historia. Recuperado de: http://historia.fcs.ucr.ac.cr/est-soc/practica_pedag.pdf
Bandala, F. O. (2011).    Cómo reducir los conflictos disciplinarios en un espacio escolar. Una visión antropológica de la cultura estudiantil. Alemania: Editorial Académica Española.
Bendit & Gaisser (1995). Integración y segregación de los jovenes en un mundo en mutación. Perspectiva, 395-413.
Carvajal, A. (1999). Alumnos en estado de conocimiento. Investigación educativa de los noventas, perspectiva para el 2000. México: Comie.
CEPAL-UNESCO (2006). Exclusión y desigualdad en el acceso a la educación Superior Brasileira (Boletín FLAPE No. 3). Santiago de Chile: UNESCO.
Coleman, J. (1989). Inserción de los jóvenes en una sociedad de cambio. Madrid: Narce.
De Ibarrola y Weiss. (1996). Politicas de educación media y superior. Caminos de la investigación educativa. México: Mimeo.
Einsentadt, S. (1995). Modernización y evolución de las ideas sobre la juventud y generaciones. Perspectivas, 25, 383-393.
Pérez, G. A. (1998). La cultura escolar en la sociedad neoliberal. Madrid: Morata.
SEP. (2007). Competencias genéricas y el perfil del egresado de la Educación Media Superior. México Recuperado de http://www.sems.gob.mx/aspnv/video/Competencias_genericas_perfil_egresado.pdf.
Sús, C. (2005). Convivencia o disciplina. Revista Mexicana de Investigación Educativa, 10,  983-1004.
Tiramonti, G. D. (1995). Inclusión y exclusion de los jóvenes en el sistema educativo argentino. Perspectivas , 535-548.
UNESCO (2008). La educación inclusiva: El camino hacia el futuro. Informe Final. Ginebra Suiza.

 

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