El lenguaje es un medio de comunicación, instrumento del pensamiento y de
la vida social. El niño desarrolla los mecanismos fisiológicos innatos para percibir y articular el lenguaje de acuerdo con las necesidades de comunicación diaria, pero, en gran parte, el lenguaje oral es producto del ambiente.
Nuestra conducta y actitudes afectan la conducta de nuestros hijos. Es posible que los niños se sientan bien, pero empiezan a portarse mal si se les dirige masivamente, o se les grita, en lugar de tratarlos como seres humanos. Los niños imitan la conducta de los adultos y si el adulto es grosero, ellos también lo serán.
El desarrollo del niño se da en tres esferas principales: motora, intelectual y social. A través de la maduración neurológica y el contacto con el medio ambiente, el niño logra desarrollar distintas capacidades tendientes al conocimiento del mundo, manejo de los objetos y situaciones, así como a la solución de problemas. En estas actividades confluyen el movimiento del cuerpo, la formación de estructuras cognoscitivas y la interacción social, de tal manera que existe un intercambio del niño con el medio ambiente.
Hablar del desarrollo, implica diferenciar entre las articulaciones que constituyen el sujeto y los instrumentos de los que se vale para realizar sus intercambios con el medio. Las primeras hacen referencia a los Aspectos Estructurales y las segundas a los Aspectos Instrumentales.
La percepción del niño se desarrolla dentro del proceso de la actividad orientada, de la acción objetiva práctica, del juego, de la actividad creadora, etc., se extiende y profundiza y se convierte en actividad independiente de observación.
La lateralidad es un predominio motor relacionado con las partes del cuerpo, que integran sus mitades derecha e izquierda. La lateralidad es el predominio funcional de un lado del cuerpo humano sobre el otro, determinado por la supremacía que un hemisferio cerebral ejerce sobre el otro.
Se deberá hacer una exploración de tipo funcional, que nos permitirá conocer el estado global del usuario/a (Aspecto motor, respiratorio, postural, fonación, etc).
Puyuelo (2000), sostiene que la evaluación y el diagnóstico de los problemas del lenguaje han registrado una evolución significativa. La evaluación del lenguaje no es la aplicación de unas pruebas más o menos elaboradas, sino sobre todo una actitud de búsqueda por parte de un profesional.
Al estimular a nuestros hijos durante el embarazo tendremos bebés más despiertos, atentos y alerta desde el nacimiento.
El niño/a, como cría de la especie humana, es marcado desde su nacimiento, por un contexto biológico, afectivo, social, y lingüístico. Estos parámetros irán modelando su desarrollo en relación a los demás seres de su especie, con los cuales tendrá que aprender a convivir.