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La teoría del límite y sus aplicaciones terapéuticas. (Parte III)

Hay un límite muy claro en este tipo de trastorno: no somos dioses para regular nuestras funciones corporales, ni para que nuestro cuerpo funcione aun cuando no le demos lo que necesite, tampoco somos dioses para impactar a los demás positivamente.

Sobre el límite en los trastornos de la alimentación
 
Las personas que padecen de algún trastorno de la alimentación (anorexia, bulimia) tienen un problema de aceptación de su cuerpo tal y como es. Sin importar si para el resto de las personas su imagen física es agradable, para ellas hace falta verse aun mejor, lo cual normalmente implica estar más delgadas. Es decir, resulta imposible aceptar el límite de su corporalidad, el límite de la salud comprometida en los abusos que sufre su cuerpo con tal de aparentar mayor delgadez.
 
Pero el asunto de la no aceptación va más allá en estos casos. Lo que está principalmente implicado es el miedo a no ser aceptados socialmente, el miedo a ser percibidos de una manera incorrecta, o fuera de la “perfección” que ellas mismas se imponen. Lo que no se está aceptando es el límite de que el otro, la persona con la que se interactúa, tiene sus propios parámetros de belleza, tiene derecho a decidir sobre la forma en que opina de su apariencia física, y de su persona. Es decir, es imposible controlar lo que los demás piensen o perciban de mí. Ese es un límite difícil de aceptar: el de no poder controlar las percepciones ajenas.
 
Las personas anoréxicas y bulímicas tienen un afán de control de lo que no es controlable: lo que los demás piensen de ellas. Pueden controlar cuánto comen o dejan de comer, pueden controlar si recurrir al vómito o al laxante, pueden controlar cuánto ejercicio hacer, pueden controlar el número de calorías que ingieren, pero no pueden controlar que su cuerpo no se enferme, ni pueden controlar que su cuerpo reciba lo que necesita, mucho menos pueden controlar la aceptación o el rechazo social de las personas que pretenden bien impresionar.  Hay un límite muy claro en este tipo de trastorno: no somos dioses para regular nuestras funciones corporales, ni para que nuestro cuerpo funcione aun cuando no le demos lo que necesite, tampoco somos dioses para impactar a los demás positivamente.
 

  

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