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La importancia del contexto familiar en el desarrollo lingüístico infantil (Parte I)

La elaboración de mi articulo surgió durante mi periodo de prácticas del máster, periodo en el que pude observar la cantidad de necesidades que presentaba el alumnado de la etapa de Educación Infantil en el área de la comunicación y el  lenguaje, algo que me hizo reflexionar acerca del papel que ocupaba la familia en el desarrollo del niño como agente "activo" de estimulación del lenguaje y la comunicación,  así como agente favorecedor del desarrollo general del pequeño. Considero que las familias en general desconocen la importancia de su papel en el proceso educativo de sus hijos más allá del hecho de hacer los deberes con ellos en casa, siendo este desconocimiento el que les lleva a no implicarse de manera consciente en su desarrollo actuando como portadores de situaciones de aprendizaje. Mi articulo trata en definitiva de hacer una llamada de atención, a familias y escuelas, con objeto de emprender acciones que conduzcan a la toma de conciencia, la sensibilización y la puesta en marcha de acciones sencillas que contribuyan de manera positiva al desarrollo de los sujetos.

RESUMEN

Nuestro estudio parte de abordar el desarrollo lingüístico infantil como objeto de análisis, poniendo de manifiesto cómo el lenguaje como proceso y fenómeno social se sirve de la influencia de variables propias del contexto cercano de interacción para propiciar en el niño un adecuado proceso evolutivo. De este modo la acción que ejerce sobre el niño la participación en entornos enriquecedores provistos de estímulos lingüísticos y comunicativos de calidad favorecerá su correcto desarrollo lingüístico, a diferencia de la acción que desempeñan contextos empobrecidos y deficitarios, cuya influencia negativa motivará la aparición de déficits en el desarrollo, pudiendo derivar en retrasos y/o trastornos del lenguaje en sí mismos.

 

Nuestro objetivo es valorar en qué medida el contexto familiar interviene en el desarrollo del lenguaje en el niño, habiendo analizado para ello literatura científica especializada en el estudio del lenguaje como fenómeno social, la influencia del contexto en su desarrollo, y el papel que ocupa la familia en el proceso de desarrollo lingüístico infantil, siendo dichos contenidos la base sobre la que hemos establecido nuestros resultados y conclusiones. Nuestra investigación nos lleva a constatar cómo el niño asimila y construye su lenguaje a partir de la interacción con sus modelos lingüísticos de referencia, sus padres, actuando estos desde el contexto del hogar como mediadores naturales del proceso de aprendizaje del pequeño. Esto nos lleva a destacar la necesidad  de  desarrollar  intervenciones  directas  con  las  familias  desde  un  punto  de  vista preventivo y rehabilitador, que favorezcan en el niño su correcto desarrollo evolutivo.

 

Introducción

“El lenguaje es el instrumento fundamental de comunicación, es el elemento estructurador del pensamiento y la acción, un factor decisivo en el desarrollo afectivo y psicológico y el principal medio de información y cultura” (Pérez, 1997 apud Monfort y Juárez, 1980: 176).

 

Según palabras de Pérez y Salmerón (2006) el lenguaje es el instrumento de comunicación exclusivo del ser humano, el cual cumple múltiples funciones como obtener y trasmitir información, ordenar y dirigir el pensamiento y la propia acción, etc. De este modo el lenguaje supone el recurso más complejo y completo que se aprende de manera natural a través de una serie de intercambios con el medio a partir de la interacción con otros interlocutores más competentes.

 

Siguiendo a Pérez (1997: 176) vemos como el desarrollo del lenguaje es el resultado de una historia en la que participan varias personas, unas directamente relacionadas con el propio niño y otras que forman parte de su entorno social. Asimismo afirma que “es el entorno natural donde los niños  adquieren  y  aprenden  el  lenguaje,  incluyendo  en  éstos  contextos  a  las  personas copartícipes que interactúan junto al niño en este proceso de construcción del lenguaje”.

 

Vemos así como la adquisición del lenguaje supone un hecho natural para el ser humano, estando dicho proceso mediado por la interacción con el medio, en cuanto que supone una tarea compartida entre el niño y el adulto. De este modo el infante adquirirá a través de la exposición al propio uso del lenguaje y la puesta en práctica de distintas técnicas de aprendizaje espontáneas y dirigidas,  como  la  imitación  y  el  andamiaje,  un  sistema  de  comunicación  que  le  permita representar el mundo y expresarse.

 

En el estudio de Grace (1988: 37) se afirma como “el lenguaje no se adquiere de modo espontáneo,  ni  es  connatural  únicamente  al  desarrollo  biológico,  sino  que  se  adquiere  y evoluciona merced a la interacción”. Este pensamiento es compartido por autores como Rivero (1993) y Castañeda (1999), haciendo alusión este último a cómo en el proceso de adquisición del lenguaje intervienen mecanismos tanto biológicos como socioculturales, posibilitando y condicionando ambos factores tal adquisición como un aspecto del desarrollo integral del niño.

 

Cabe pues reconocer como “la adquisición del lenguaje es también un proceso social. Asumimos pues, que efectivamente el niño cuenta con cierta capacidad para el desarrollo de las reglas del uso del lenguaje, apropiándose del lenguaje que la comunidad le suministra” (Arbe y Echebarria,1982: 67).

 

Es así como el proceso de adquisición y desarrollo del lenguaje engloba una complejidad que atiende a variables tanto intrínsecas como extrínsecas al propio sujeto, actuando ambas como factores indispensables al tiempo que concionantes de la calidad y ritmo evolutivo de dicho proceso.

 

Existen distintas teorías del desarrollo que tratan de abordar la cuestión referida a la adquisición del lenguaje desde perspectivas y enfoques contrapuestos, pudiendo resaltar las aportaciones de autores tales como Vygotsky y Bruner entre otros, quienes tratan de aportar una visión socio- interaccionista sobre el proceso de desarrollo lingüístico en el niño (Ramírez, 2014).

 

Vemos así como el proceso de adquisición y desarrollo del lenguaje atendiendo a sus distintos componentes en torno a forma, uso y contenido, requiere de la influencia directa del medio, entendido éste como el contexto social, familiar y escolar que rodea al sujeto, entendiendo dicha variable como uno de los factores determinantes que guiarán el recorrido evolutivo del niño hacia un desarrollo normativo o desviado.

 

Sabemos  que  la  principal  vía  de  adquisición  y  desarrollo  del  lenguaje  es  la  interacción, entendiendo como parte integrante de la misma la imitación y el andamiaje como herramientas fundamentales, de modo que la aportación que el medio ponga a disposición del infante constituirá la principal fuente de aprendizaje. “El niño atraviesa una serie de etapas a través de las cuales su percepción de la realidad se va transformando en lenguaje gracias a sus experiencias y a los modelos transmitidos por el ambiente social.” (Pérez y Salmerón, 2006: 114).

 

Desde el punto de vista de Halliday (1982) existen distintos factores de aprendizaje como la importancia de la situación interaccional del medio ambiente,  la variedad del lenguaje usado en el acto comunicativo, el sistema lingüístico del niño, y la estructura social en la que tiene lugar la interacción, viendo así como se destaca la importancia del entorno lingüístico en el que el niño aprende a hablar.

 

En  este  sentido se señala la necesidad de estudiar  el ambiente  en el que  se  establece  la interacción, así como la calidad de la interacción en sí misma, entendiendo ambos aspectos como factores diferenciales en el desarrollo de la competencia lingüística y comunicativa del sujeto, entendiendo desde esta perspectiva como los patrones lingüísticos así como el andamiaje que le proporciona el adulto al niño en su interacción con éste en el medio familiar, social y escolar son muy importantes. “La comunicación ejercida a través del lenguaje se irá enriqueciendo en función del entorno sociocultural en el que la persona esté inmersa” (Pérez y Salmerón, 2006: 118).

 

Este  enfoque  nos  lleva  a  considerar  a  la  familia  como  primer  eslabón  en  el  proceso  de estimulación del lenguaje infantil, en la que los padres como referentes adultos principales han de asumir su responsabilidad en el proceso de aparición y ritmo evolutivo de desarrollo del lenguaje de sus hijos.

 

“… importancia de la familia en la formación integral de sus hijos, donde el proceso de estimulación del lenguaje, requiere de una certera dirección por parte de los adultos, ya que de esto dependerá, en mayor o menor medida, que las características propias del lenguaje en estas edades se logren desarrollar con el éxito esperado por todos” (Pérez, 2010: 7).

 

La familia es el marco inicial y privilegiado donde el niño adquiere el lenguaje, lo desarrolla y lo perfecciona, de modo que los agentes implicados en el mismo, padres y familiares, deben servirse de las situaciones naturales de interacción diaria para estimular su uso y evolución. Se trata de incorporar el intercambio comunicativo como un hábito cotidiano que acompañe a la acción a lo largo del día, el cual sirva de herramienta para favorecer el nivel competencial lingüístico del niño.

 

Esta idea sigue la línea expuesta en un estudio realizado por Pérez y Salmerón (2006: 119) en el que se nos dice como “el lenguaje se va conformando gracias a la exposición de modelos lingüísticos   correctos   y   al   establecimiento   de   situaciones   que   favorezcan   su   práctica consolidación, perfeccionamiento y generalización”.

 

Todo ello nos lleva a plantearnos la necesidad de estudiar cómo el contexto próximo al sujeto intercede en su desarrollo lingüístico, debiendo atender al conjunto de variables existentes en el mismo que interceden de manera positiva o negativa en su curso natural de evolución, con objeto de alentar desde los distintos contextos de aprendizaje del poder de influencia que éstas ejercen en el niño (Grace, 1988; Rivero, 1993; Castañeda, 1999; Zimmerman et. al., 2009; Pérez, 2010; Ramírez, 2014; Cala y Monzón, 2016).

 

Según señalaban Arbe y Echebarria (1982) el estudio de los contextos socioculturales en los que tienen lugar las experiencias lingüístico-comunicativas del niño en su infancia supone un tema de actualidad a abordar dado que se comienza a resaltar la importancia del entorno lingüístico en el desarrollo de la competencia lingüística y comunicativa del niño, siendo necesario el desarrollo de líneas de investigación que centren su atención no sólo en el papel activo del niño en el proceso de adquisición y desarrollo del lenguaje, sino también la importancia que cobra el papel del adulto y del contexto dentro del mismo.

 

Es así como encontramos estudios al respecto (Grácia y Del Río, 1998; Castañeda, 1999; Pérez, 2010; Cala y Monzón, 2016) dirigidos a orientar a la familia en la estimulación del lenguaje de su hijo desde el contexto del hogar con objeto de potenciar el proceso de construcción lingüística natural, así como la toma de conciencia de los padres de la importancia de dicho trabajo respecto al desarrollo evolutivo de sus hijos. Grácia y Del Río (1998: 20) hacen referencia a “una intervención naturalista en la que las madres y los padres juegan el papel de mediadores entre los profesionales y el niño”. La adopción de este tipo de enfoques entiende la tarea de estimulación del lenguaje como una acción natural y espontánea que ha de desarrollarse dentro del contexto del hogar, de modo que a través del uso y desarrollo de nuevas estrategias y experiencias lingüísticas y comunicativas dentro del entorno familiar se favorezca el aprendizaje natural por parte del niño, otorgándole de enriquecimiento a la competencia lingüística del pequeño. Ambos autores consideran a su vez cómo “una intervención de estas características tiene éxito cuando los padres incorporan de forma paulatina las estrategias que han aprendido y las utilizan en las situaciones de interacción cotidianas con su hijo” (Grácia y Del Río, 1998: 20).

 

Siguiendo esta línea de análisis Cala y Monzón (2016) defienden como los trastornos del lenguaje oral aparecen con frecuencia en los niños en las primeras edades, teniendo su origen en causas orgánicas y/o funcionales respecto a la influencia negativa que ejerce el entorno familiar, escolar y social sobre el desarrollo del sujeto. Esta idea es también compartida por autores tales como Valles (2010: 154) quien afirma como “lo oral representa un momento muy temprano del desarrollo lingüístico, estrechamente vinculado con lo innato y con la actividad de los adultos que rodean al niño”.

 

De este modo cabe analizar las posibles repercusiones que un ambiente social deficitario en cuanto a dotación de modelos lingüísticos ricos y estimulantes para el desarrollo evolutivo del niño pueda generar en éste, pudiendo encontrar estudios que tratan de analizar la relación existente entre un desarrollo socioafectivo deficiente y la existencia de un trastorno del lenguaje (Vissers, y Koolen, 2016).

 

“…al analizar el lenguaje como actividad, como hecho social y como la principal herramienta cultural, se hace necesario acercarse a éste con una visión integradora, respetar los aportes de distintas visiones epistemológicas y entender que la actividad comunicativa (ese “hacer cosas con el lenguaje”), es una actividad compleja, la cual depende de múltiples variables provenientes de lo cognoscitivo, de lo social, de lo emocional y por supuesto de lo físico (sistema sensorial, sistema nervioso central y periférico)” (Valles, 2010: 154).

 

Es así como el estudio de la influencia del contexto en el proceso de adquisición del lenguaje implica a su vez estudiar las variables que se pueden desencadenar de un desarrollo deficitario, tales como dificultades añadidas del desarrollo, afectación del rendimiento académico y desafíos en las relaciones sociales (Eyuboglu, Bolat y Eyuboglu, 2017).

 

A este respecto, cabe señalar como el lenguaje entendido como fenómeno social implica para aquellos sujetos que presentan un desarrollo atípico del mismo un hándicap en sus interacciones sociales  y  por  ende  en  su  desarrollo  social,  por  lo  que  cabe  analizar  su  potencial  como herramienta de integración y/o de exclusión social (Blanco, 1980). “El lenguaje es tarea previa de toda socialización” (García, 1987: 242),  pudiéndola considerar como una herramienta de inserción

 

e integración social. “El lenguaje del niño es esencialmente social porque social es su fuente y su finalidad (Blanco, 1980: 111).

 

De este modo se hace necesario valorar la correlación existente entre desarrollo del lenguaje y desarrollo de la competencia social, pudiendo abordar dicho análisis desde un punto de vista pragmático del lenguaje, entendiendo como la falta de exposición al uso de herramientas lingüísticas y a experiencias verbales en sí mismas originaría la aparición de un retraso en el desarrollo lingüístico del niño, lo que a su vez desencadenaría en una limitación de su nivel de competencia social.

 

“… la enorme importancia de lo lingüístico para la vida individual y para la integración social de los educandos al hacer posible darle forma al mundo a partir de la palabra, construir nuestra identidad y permitir reconocernos como parte de un colectivo que comparte una lengua, creencias, tradiciones y una forma de ver el mundo, es decir una cultura” (Valles, 2010: 144).

 

En esta línea Blanco (1980) afirma como el lenguaje es una acción manifiesta que produce y realiza el individuo en un contexto socio-cultural para transmitir información y entablar o mantener relaciones interpersonales, por lo que la presencia de alteraciones en el desarrollo del mismo afectará al establecimiento y calidad de dichos intercambios comunicativos, repercutiendo así en su vida social.

 

Vemos por todo ello como los distintos estudios ponen de manifiesto como las interacciones sociales actúan como canalizador del desarrollo del lenguaje en el niño a partir de su exposición a experiencias lingüísticas y conversacionales, de modo que a través de la imitación y la atención conjunta con el interlocutor el niño comienza a asimilar el contenido lingüístico apropiándose del mismo como herramienta natural de participación en el medio.  De este modo es importante analizar como al igual que la adquisición del lenguaje “nace” del vínculo social, la capacidad social del individuo se verá mediada por su nivel de competencia lingüística, pudiendo encontrar limitaciones en su desarrollo y crecimiento como ser social en función del nivel de dominio de dichas habilidades. “El lenguaje no es ni causa ni efecto sino parte poderosa de esa experiencia vital” (Blanco, 1980: 115).

 

Es así como a modo de síntesis podemos destacar la necesidad de desarrollar estudios enmarcados en una línea de análisis bibliográfico en torno a la importancia de la influencia que ejerce el entorno, y más concretamente el contexto familiar como contexto más próximo al niño a lo largo de sus primeros años de vida, sobre el desarrollo lingüístico del niño, lo que nos permita delimitar aquellos aspectos que resultan esenciales contemplar a lo largo del desarrollo infantil con objeto de propiciar un ambiente de aprendizaje enriquecedor y estimulante.

 

El objetivo del presente estudio es delimitar el nivel de repercusión que el contexto familiar ejerce sobre el desarrollo lingüístico infantil, tratando de evidenciar los beneficios que un hogar comprometido con las dificultades del lenguaje de su hijo supone para el progreso y crecimiento del individuo en dicha área del desarrollo. Asimismo se pretende valorar la importancia del papel de los padres en la tarea de estimulación del lenguaje desde el contexto familiar, así como el grado de implicación y participación que se requiere de éstos en el proceso de aprendizaje de sus hijos.

 

De este modo algunas de las cuestiones que nos planteamos en torno al estudio son:

 

·    ¿Actúa  el  contexto  familiar  como  agente  influyente  en  el  proceso  de  desarrollo evolutivo del niño?

·    ¿Qué papel ha de asumir la familia respecto a las dificultades del lenguaje manifiestas en sus hijos?

·    ¿Cuáles son los patrones comunicativos y lingüísticos que desde el contexto del hogar favorecen o perjudican el desarrollo lingüístico del niño?

·    ¿Cómo se puede fomentar la práctica del lenguaje dentro de la dinámica familiar?

 

El abordaje del tema objeto de estudio nos permitirá valorar la importancia del papel de la familia en el proceso de adquisición y desarrollo lingüístico del niño  como puente promotor del desarrollo, así como también permitirá resaltar la importancia de integrar la estimulación del lenguaje como una actividad de la vida diaria dentro del hogar, debiendo asumir los padres la responsabilidad que les compete como mediadores en el proceso de enseñanza-aprendizaje de sus hijos (Grácia y Del Río, 1998).

 

Es así como la hipótesis planteada   en el presente estudio hace hincapié en cómo el contexto próximo del sujeto actúa como una variable determinante en su desarrollo lingüístico, actuando un entorno estimulante como favorecedor de un desarrollo óptimo,  o en aquellos casos en los que se manifiesta un retraso del lenguaje como facilitador del proceso de mejora.

 

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