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Hábitos: los buenos, los malos, los feos (Parte III)

Cuando su niño tenga varios dientes, puede utilizar un pequeño cepillo para dientes de leche. Elija uno de cerdas suaves y un asa que sea fácil de manejar, además de una crema dental de agradable sabor.
Morderse las uñas (onicofagia)

El hábito de morderse o comerse las uñas se debe tratar del mismo modo que el de chuparse el pulgar. Es mejor distraer al niño que regañarlo. Si el niño se muerde las uñas para calmar la ansiedad, demostrarle su enfado o su disgusto sólo reforzará esta conducta, es decir aumentará su frecuencia de aparición. Es conveniente descubrir la causa de la ansiedad y resolver el problema.

Algunos padres intentan pintarle las uñas a sus hijos, untarlos de sustancias amargas, pero nada de esto funciona si no tratamos la ansiedad en ellos. Generalmente a tenido buenos resultados la utilización de la economía de fichas o gráfico de estrellas, es decir se establece un contrato con el niño, por cada uña que no se muerda por cada día recibirá una ficha o estrella (haciendo caso omiso cuando se las muerda o colocando fichas negativas, pero nunca amonestarlo por ello), al final de la semana recibirá una recompensa o reforzamiento material de acuerdo al número de fichas o estrellas acumuladas. Además el reforzamiento social (elogios, congratulaciones) por mantener las uñas sin morderse es un buen aliado en la terapia.


Escarbarse la nariz

Algunos investigadores afirman que escarbarse la nariz es un hábito que surge en momentos de aburrimiento o cuando el niño está ansioso. Es posible que en algunos casos sea efectivamente cierto, sin embargo otros opinan que la principal razón para meterse los dedos en la nariz es que a esta edad los niños no son capaces de sonarse la nariz, lo que suelen aprender alrededor de los tres o cuatro años de edad. Es inevitable que los niños quieran liberarse de algún moco que los está molestando, de la única forma que saben, es decir metiéndose los dedos.


Cuando su niño tenga dos o tres años de edad enséñele a sonarse la nariz (cerrando una fosa nasal mientras se suena la otra). Como la mayoría de los hábitos negativos este tiende a desaparecer con el tiempo. Recuerde también informarle que esta actividad es recomendable hacerla en privado.


Lavarse los dientes

Cuando su niño tenga varios dientes, puede utilizar un pequeño cepillo para dientes de leche. Elija uno de cerdas suaves y un asa que sea fácil de manejar, además de una crema dental de agradable sabor. Al comienzo, la mayoría de los bebés se interesan más por morder el cepillo que por cepillarse los dientes. Hasta que el niño no llega a los seis o siete años de edad no se cepilla los dientes correctamente y necesita de su ayuda. Intente que el cepillado de los dientes se convierta en una actividad divertida, y al principio utilice la imitación y el modelaje.


En las diversas fases de su desarrollo, todos los niños pueden tener formas repetitivas de responder a determinados estímulos, es decir hábitos. Para calificarlos como trastornos hay que valorar su frecuencia, su incidencia física, emocional, o social en la vida del niño y la familia, así como también la edad del pequeño.

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