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El abandono escolar desde la perspectiva de los propios alumnos. (Parte IV)

Estas frases son significativas porque, en el contexto de sus narraciones, no implicaron una descalificación de sí mismos como personas sino que fueron una manera de expresar la desmotivación que sentían hacia la escuela o el hecho de reconocerse a sí mismos como que no encajaban en el mundo de lo escolar.
Claudia Saucedo Ramos | 15/04/2006
A)"Mejor casarme": El matrimonio como elección. En las familias ferrocarrileras, por lo general las adolescentes descartan en sus discursos el hecho casarse temprano y más bien expresan que quieren continuar estudiando. Sin embargo, es frecuente que resulten embarazadas o que se involucren fuertemente en la cultura del romance, como mencionó Aidée: - en realidad mucho, mucho no me gustaba la escuela, yo creo que yo no nací para la escuela. O sea, si estudiaba y todo pero, así para seguir una carrera yo creo que no, yo creo que no. Y ya después me casé y pues ya. Yo siempre pensé en casarme -.

Chicos y chicas pueden desarrollar una implicación emocional tan grande en sus relaciones de noviazgo de modo que sus actividades y su disposición emocional choca con lo que se requiere de ellos en las escuelas, sobre todo cuando se presentan embarazos no deseados. Así por ejemplo, Aidée evaluó que era una persona que no estaba destinada para la escuela sino para el matrimonio. Sus frases "yo no nací para la escuela" y "¡siempre pensé en casarme!" son complementarias porque le sirvieron para señalar una ubicación, en el matrimonio, como destino para el cual estaba orientada.

B). "Quiero trabajar". El trabajo remunerado como espacio de definición personal. En estas familias los padres de familia dicen que les dan a sus hijos lo necesario, como alimentos, ropa, útiles escolares, para que continúen estudiando y se niegan a que entren a trabajar. Empero, los hijos pueden desarrollar interés por tener dinero y una independencia relativa, es decir, poder solventar gastos personales como ropa y diversiones. Así por ejemplo, Carlos comentó que dejó la escuela para dedicarse a trabajar: - No me interesaba la escuela, me interesaba más tener dinero para gastar con mi novia o para salir con ella. Siempre tenía dinero, siempre - .

En la comunidad de familias ferrocarrileras es posible ver que los jóvenes se sienten presionados por tener dinero para comprarse ropa y calzado de marcas reconocidas, o bien para tener prestigio entre sus amigos porque pueden pagar gastos de diversión. Este tipo de presión la viven en sus comunidades en donde hay otros jóvenes que desertaron de la escuela y están trabajando, o son hijos de familias que sí pueden solventar gastos más allá de las necesidades básicas. Por otro lado, los jóvenes también mencionaron que se habían sentido más reconocidos como personas en sus lugares de trabajo que en la escuela. Así, ellos y ellas plantearon un modelo cultural en el que ser una persona valiosa en su adolescencia implicó poseer una independencia económica relativa y ser valorado en sus espacios de trabajo.

C). "La computación, el trabajo del futuro". La capacitación para el trabajo como opción formativa. En estas familias cuando los hijos ya no quieren seguir estudiando los padres insisten en que al menos obtengan un certificado que los acredite ante el mercado laboral. Así, algunos de los hijos dijeron que se sintieron presionados en obtener capacitación para el trabajo tal y como mencionó David: - Dejé la preparatoria y me metí a

estudiar computación, dos años. Escogí eso porque según era lo que estaba de moda, ¡Huy que la computación va a ser el trabajo del futuro!, y no sé qué tanto -.

Cotidianamente los y las jóvenes entran en contacto con propaganda en la que se anuncian las ofertas de diversos centros de capacitación. Por lo general se trata de escuelas privadas que ofrecen capacitar a las personas en ramas como la computación, estilista de cabello, enfermería, mecánico automotor, etc. Un gran problema con estas capacitaciones es que no son reconocidas como estudios formales por instituciones escolares gubernamentales, pero los jóvenes recordaron que lo vieron como una opción adecuada, es decir les permitió manejar una imagen de individuo certificado ante el mercado de trabajo.

D). "Yo no tengo cabeza para estudiar". La escuela como lugar sin interés. Los y las jóvenes en general dijeron que la escuela era importante, que todo niño debía estudiar y ser "alguien en la vida". De este modo, se apropiaron de un modelo cultural sobre el valor de la escuela de tipo colectivo el cual podemos también encontrar en los discursos de sus padres y maestros de escuela. Sin embargo, cuando los y las jóvenes narraron sus experiencias particulares en la escuela secundaria, no sostuvieron el valor que reconocían la escuela tiene. Los diez dijeron que les pesaba ir a la escuela y que no se sentían más a gusto ahí. Por ejemplo Mónica comentó: "Yo le dije a mi papá que no tenía cabeza para estudiar. No me llamaba la atención el estudio. O sea, cuando te llama la atención algo pues le intentas por mejorarlo, pero yo no. Nada más me iba a hacer mensa y mejor lo dejé.". Otros jóvenes dijeron con relación a la escuela: "eso no me entra"o "ese mundo no era para mí".

Estas frases son significativas porque, en el contexto de sus narraciones, no implicaron una descalificación de sí mismos como personas sino que fueron una manera de expresar la desmotivación que sentían hacia la escuela o el hecho de reconocerse a sí mismos como que no encajaban en el mundo de lo escolar.

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